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'Pior es chile y l'agua lejos'Domingo, 26 de Noviembre de 2017 00:05 a.m.

Cuando le ponemos salsa a nuestros tacos aún sabiendo el incendio que puede desatarse en nuestras bocas, los mexicanos vivimos un encuentro con nuestras más profundas raíces indígenas. El chile ha sido para quienes nacimos en estas tierras, desde épocas muy remotas, indispensable compañero en nuestros más apreciados momentos gastronómicos.

Del náhuatl chilli, con un leve cambio fonético, derivó la palabra “chile”, con la que nombramos al vegetal del que la naturaleza nos ha dado numerosas variedades. Los hay tan pequeños, pero no por eso menos picosos, como el chile piquín o quipín, cuyo nombre es distorsión de chiltecpín, que en náhuatl significa ‘chile pulga’. Hay otros muy grandes, como el chile poblano, con los que suelen hacerse los históricos y patrióticos chiles en nogada, o si no, por lo menos unas democráticas pero no menos sabrosas rajas con queso.

Hay otros exageradamente picosos, como el chile habanero, que alguna vez ostentó el título de “el chile más picoso del mundo”, pero como nada es para siempre, ahora es superado por uno llamado “Carolina Reaper”, que es ¡10 veces más picante que el destronado habanero!

Otro chile famoso es el xalapeño, llamado así porque tradicionalmente ha sido la ciudad de Xalapa el principal centro de producción de esta variedad. A propósito, para quienes gustan del chile chipotle, vale aclarar que no se trata de otra especie; lleva ese nombre por ser un chile xalapeño ahumado, y como poctli en náhuatl significa ‘humo’, por eso se le dijo “chilpoctli” y luego “chipotle”, literalmente ‘chile ahumado’.

El chile ha dejado en nuestro lenguaje huellas salpicadas de picardía. Su asociación con la virilidad ha producido expresiones como “hablar al chile”, para decir que hay que hablar de frente y al trancazo, así como se supone que lo hacen los hombres. De claro contenido sexual es la expresión: “No sacudan tanto el chile, porque riegan la semilla”. En la antesala de los retos, se suele decir: “Ahora es cuando, chile verde, le has de dar sabor al caldo”, y para animar a quien duda de tomarlos se puede decir: “No le tengas miedo al chile, aunque lo veas colorado”.

No obstante el aprecio que le tenemos al “capsicum” (nombre científico de nuestro picoso invitado), cuando no alcanzamos nada en una repartición decimos que nos tocó “puro chile”, en alusión a su bajo precio y a que, en muchas ocasiones, unos tacos de salsa picante han sido el único alimento de los desposeídos. Vender chile no requiere exactitud, se vende a puños o por “tantos”; por eso, a quien los cuenta, se le tacha de tacaño. De ahí ha quedado que a quien padece este defecto le digamos “cuenta chiles”.

El chile mexicano ha tomado carta de naturalización en muchos países y hoy anda picando por todo el mundo; les encanta a turcos, tailandeses, chinos y cada vez se apuntan más.

Aquí cabe comentar que hay quienes creen que Chile, el país, se llama así porque seguramente en él abundan cosechas del picante vegetal. No es así; esta región ya llevaba nombre parecido desde antes de la llegada de los españoles, y aunque no se sabe a ciencia cierta su significado, no hay nada que lo asocie al chile que pica, ya que por aquellas tierras era conocido con el nombre de “ají”. El nombre del topónimo debió surgir de alguna de las lenguas que por allá se hablaban: quechua, aimara o mapuche.

En fin, hay tantas cosas que decir de este tema que bien podría escribirse todo un libro, pero este espacio sólo alcanza para una probadita y ahí lo dejamos. Espero que les haya gustado. Ahora que si les ha parecido un artículo tedioso y de mal gusto, no sobra recordar el dicharacho mexicano que sirve para consolarse en los malos momentos… “Pior es chile y l’agua lejos”. 

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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