icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
PertenecerDomingo, 14 de Octubre de 2018 00:44 a.m.

No estamos hechos para la soledad, necesitamos pertenecer. Debe ser un mecanismo genético que se gestó cuando la vida tribal era condición para la supervivencia. Nada diferente a lo que ocurre con otras especies que se agrupan en manadas, parvadas o lo que sea, con tal de sumar fuerzas para combatir enemigos que amenazan su existencia. 

Ese instinto vivo se manifiesta con claridad en los deportes. La región primitiva del cerebro nos lleva a afiliarnos a un equipo que escogemos según nuestras circunstancias. Luego, por el sentido de pertenencia, hacemos nuestras sus glorias y fracasos.

En los juegos callejeros, los de la calle A encuentran un enemigo en los de la calle B; pero la rivalidad que parecía irreconciliable, se vuelve camaradería cuando los dos grupos se juntan para competir contra un equipo de la colonia vecina, que pasa a ser el nuevo adversario.

En recursivo patrón, todos se unen cuando se trata de apoyar al equipo del pueblo, que se batirá contra el del pueblo vecino. Las emociones descontroladas pueden llevar a bandos contrarios a matarse unos a otros; pero, como por arte de magia, el odio irracional entre ellos desaparece cuando el equipo del país se enfrenta al de otra nación y, entonces, todos visten la misma camiseta, se abrazan, entonan himnos y festejan eufóricos la pertenencia compartida. Así es mientras dura la fiesta, porque después, la falta de enemigo común provoca una sensación de desamparo y hay que regresar a lo de antes, para que siga teniendo sentido ese pertenecer que nos reclama la genética.

Hay en el lenguaje una palabra que es hija de esta cualidad humana: “sincretismo”. Mestrio Plutarco, historiador griego que vivió en los primeros años de la era Cristiana, en Opera Moralia, una de sus obras, nos cuenta que los habitantes de Creta, importante isla en el mar Egeo, se agrupaban en diferentes pueblos que vivían “agarrados de la greña”, pero tenían la virtud de que, cuando un extraño enemigo osaba profanar con su planta el suelo de Creta, de inmediato olvidaban sus rencillas y se unían en un gran ejército que casi siempre repelía con éxito al agresor. Cuando volvía la calma a la isla, parecía que se preguntaban ¿en qué nos quedamos?… ¡Ah sí!, lo recordaban y volvían a agarrarse del chongo.

De esta historia quedó la palabra “sincretismo”, de “syn”, unión y “cretismo” haciendo referencia a los cretenses. Dicho de otra manera, en su origen, la palabra bien pudo significar “cretenses, unidos, jamás serán vencidos”. Hoy la palabra ha mudado su significado y con ella nos referimos a esas manifestaciones que resultan de la mezcla de dos sistemas de creencias, como los sincretismos religiosos, donde un buen ejemplo son los matlachines, danzantes que evocan a adoradores de dioses prehispánicos, pero vuelcan su devoción en templos cristianos.

Este impulso de agruparnos para “pelear”, se manifiesta en muchos aspectos de nuestra vida. Hay la tendencia a formar grupos antagónicos en escuelas, empresas, familias y no se diga en la política. La polaridad, que puede ir de poca a demasiada, depende del grado de inteligencia emocional de los implicados. Un buen líder sabrá “señalar” un enemigo común, aunque sea virtual, para que todos en la organización apunten su instinto de combate hacia el mismo lado.

Si bien es cierto que la naturaleza nos ha enseñado que “la unión hace la fuerza”, también lo es el viejo adagio “divide y vencerás”. Un enemigo común, que también puede ser un problema, una desgracia o una amenaza propiciará la unidad; pero, si el enemigo es alguien perversamente inteligente, encontrará el modo de promover bandos antagónicos, alimentar discordia entre ellos y eso lo dejará invisible mientras obtiene insanos beneficios de esa sociedad partida.

Vale la pena estar alertas, no vaya a ser que nuestros hoy irreconciliables adversarios sean los aliados que necesitamos para defendernos de amenazas mayores. Total, ya puse esta en orden la casa, habrá tiempo para seguir agarrados de la greña.


OpenA