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Permitir en lugar de prohibir Por: Mayra Treviño Nutrición con propósitoMiércoles, 28 de Octubre de 2020 00:32 a.m.

¿Y si te digo que es mejor ´permitirse´ que ´prohibirse´?.

A menudo me encuentro con este tipo de ideas sobre prohibir grupos de alimentos para bajar de peso o lograr mejorar la salud, y casi siempre este tipo de prohibiciones suelen coincidir con los preferidos de la persona que está a ´dieta´. 

Pero lo que no sabemos es que prohibir un alimento sin justificación (es decir, sin que haya razones fisiológicas que hacen que por un tiempo determinado los alimentos se necesiten restringir) cuando no existen razones para ello, más que la rápida pérdida de peso,  provoca un mayor riesgo de que las consecuencias negativas a largo plazo sean mucho peores que los beneficios obtenidos. 

Prohibir un alimento ocasiona unos cambios determinados a nivel psicológico que desembocan en sentimientos negativos como:

- Aumento del deseo hacia dicho alimento que, de forma directa, significará un aumento en la cantidad que se coma el día que se rompa la prohibición.

- Crear una asociación directa entre el alimento prohibido y la sensación de recompensa ("hoy me lo merezco por haberme restringido todo este tiempo"), lo que conlleva a una mayor apetencia por ese tipo de productos cada vez que nuestro cerebro necesite ser recompensado emocionalmente por algo.

- Posible atracón, la mente interpreta que "si un día lo tomo, es un caso excepcional, algo que no se volverá a repetir en mucho tiempo aunque me apetezca". Por tanto, se tomará una cantidad excesiva y de forma compulsiva, generando sentimientos de fracaso y debilidad después.

Ahora PERMITIR es mucho más difícil, a veces, permitirse que prohibirse; puesto que permitir supone tener una serie de compromisos como:

- Controlar la cantidad de alimentos permitidos, sin que haya un abuso.

- Tener clara la diferencia entre hambre real y hambre emocional y no utilizar la comida para calmar un componente psicológico o emocional.

- Conocer y aprender diferentes opciones saludables con las que tomar dichos alimentos.- Dar la importancia que tiene a cada alimento, sin sobrevalorar ninguno en concreto, y con la perspectiva adecuada.
-Disminución del deseo y la ansiedad.- Responsabilidad y bienestar interno, evitando los sentimientos de culpa y excusa.

Educar es siempre el camino más largo, pero es la mejor apuesta. Si prohibimos, no educamos, simplemente tapamos el problema sin encontrarle una solución a largo plazo.

Lo más importante es ofrecer herramientas a la persona para que sea quien tenga el control sobre su alimentación, sus emociones y su salud.

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