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Peregrina, de ojos claros y divinosDomingo, 6 de Diciembre de 2015 00:47 a.m.
“Por la tarde había llovido y al cruzar por la barriada del suburbio de San Sebastián, la vegetación y la tierra recién humedecidas por el aguacero exhalaban esa penetrante fragancia que les es peculiar en tales casos.

Alma aspiró profundamente aquel perfume, y dijo: “que bien huele”, y yo, por gastarle una galantería le repliqué: “Sí, huele porque usted pasa. Las flores silvestres se abren para perfumarla”. Carrillo Puerto dijo al punto: “Eso se lo vas a decir a Alma en una poesía”. ‘‘No’’, le repliqué yo, ‘‘se lo diré en una canción’’. Y en efecto, en esa misma noche hice la letra y al siguiente día vi a Ricardo Palmerín, se la entregué para que le pusiera música. Así nació Peregrina”.

Con estas palabras, Luis Rosado Vega, el poeta, narró el momento que dio origen a una de las más hermosas canciones yucatecas.

Alma María Sullivan, fue de las primeras mujeres que ejercieron el periodismo en San Francisco. De un breve matrimonio con Samuel Reed, tomó apellido y desde entonces fue conocida como Alma Reed. Escribía una columna llamada Mrs. Goodfelloow, en la que daba consejos a familias de inmigrantes ilegales que padecían los abusos de aquella sociedad. En 1921, su labor periodística logró salvar la vida de Simón Ruiz, un joven mexicano de 17 años condenado a muerte. De este caso resultó que las leyes de California modificaron la manera de juzgar a los menores. La relevancia de este trabajo, motivó que el presidente Álvaro Obregón la invitara a México y así, en 1922, por primera vez visitó a nuestro país, del que se enamoró profundamente.

A su regreso a San Francisco, aceptó un ofrecimiento de trabajo del New York Times y fue asignada para cubrir los trabajos arqueológicos en la zona maya, en Yucatán. En febrero de 1923, su camino se cruzó con el de Felipe Carrillo Puerto, gobernador de Yucatán, personaje de fuerte personalidad que se encontraba en la cúspide de su carrera. Dicen, quienes fueron testigos, que fue un amor a primera vista. Durante ese año, vivieron un intenso romance y hubo una promesa de boda que nunca se consumó. Este tiempo, vio coincidir a una pareja de soñadores enamorados, a un poeta (Luis Rosado Vega) y a un músico (Ricardo Palmerín), que en una canción dejaron eterna huella de aquella historia.

El 3 de enero de 1924, Alma Reed hacía preparativos para la boda en San Francisco y Carrillo Puerto moría fusilado en la ciudad de Mérida por tropas de Adolfo de la Huerta, las cuales se habían rebelado contra el presidente Álvaro Obregón. Se cuenta que, cuando era conducido al paredón, sacó de uno de sus bolsos un anillo y le pidió a uno de sus ejecutores que lo entregara a Pixan Halel, en maya Alma y Caña.

La herida en el corazón de Alma Reed nunca sanó. No obstante, siguió trabajando intensamente en lo que le apasionaba, el periodismo. En 1928, conoció a José Clemente Orozco y se convirtió en su admiradora y promotora, exponiendo sus trabajos en New York. En 1961, el presidente Adolfo López Mateos reconoció el amor que Alma Reed tenía por México y le otorgó la distinción de El Águila Azteca.

En un día del año 1965, una anciana de mirada azul dormido, se acercó al entonces senador por Yucatán, Carlos Loret de Mola y le dijo: “Usted ocupará algún día la silla de Felipe”, yo no lo veré porque moriré pronto; pero quiero pedirle que cuando muera, me sepulten en Mérida, cerca de Felipe. Meses después, el 20 de noviembre de 1966, Alma Reed murió a los 77 años en la Ciudad de México. Tuvo que esperar casi un año para que un viejo amigo, recuperara sus cenizas que habían quedado retenidas por falta de pago en las funerarias Gayosso. Fue entonces que Loret de Mola, aún sin ser gobernador, cumplió el último deseo de Alma Reed y hoy sus restos yacen en la Ciudad Blanca, muy cerca de los de Felipe Carrillo Puerto. Así respondió Peregrina a esa plegaria que nació cuando coincidieron: un par de soñadores enamorados, un músico y un poeta. “Cuando dejes, mis palmares y mi tierra, peregrina del semblante encantador, no te olvides, no te olvides de mi tierra, no te olvides,
no te olvides de mi amor”.
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