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Monterrey, NL
Clima
Peor que la ira de los maestros: el coraje de los comerciantes Por: Eloy Garza Latitud Jueves, 17 de Diciembre de 2020 02:00 a.m.

Arrecian las protestas y la irritación generalizada de los pequeños comerciantes en Nuevo León. Ellos también tienen sus motivos igual o peor que los maestros con el aguinaldo partido, que toman la calle o estrangulan el Centro de Monterrey. Y esto ya es una tormenta de gente al punto del encabronamiento, de la ira irracional, que puede llegar a un punto de no reversa. ¡Cuidado! 

Los motivos de esta gente que forma parte de la clase media son muy claros: en nuestro país hay 12 millones de empleados que ya no trabajan desde hace nueve meses. No reciben un sueldo ni la certidumbre de volver a sus centros laborales; esta gente vive en el limbo de la desesperación. O más bien, a la deriva. 

Lo explica el Inegi con la frialdad de las cifras: más de 2 millones de ellos no volverán a sus trabajos o a sus changarros. porque ya cerraron definitivamente. Y ponga el lector los que se acumulen a principios del próximo año antes de que podamos vacunarnos la mayoría. Esto se volverá una masacre. Más grave que una pandemia, es la otrora clase media muriéndose de hambre por falta de una reactivación económica que ya se antoja urgente. Una reactivación con estímulos y con apoyo del SAT. 

Pero no a todos les ha ido mal con la parálisis de la economía. Ciertos burócrata estatales están en jauja. Son los agentes de la corrupción de siempre. El coronavirus es el paraíso para los inspectores de gobierno, lo mismo en salud que en movilidad. Piden moches a los comerciantes de por sí desangrados, para reabrir restaurantes, salas de belleza, tiendas de abarrotes, estéticas, fondas y talleres mecánicos. Eso sin contar con que les pulverizaron sus ingresos de fin de semana, por la exigencia surrealista del gobierno del estado de cerrar sus puertas sábados y domingos. 

Si no les dan un moche en efectivo, estos inspectores vuelven a cerrar los negocios, por sus pistolas, a la de a fuerzas. Levantan padrón de sus víctimas para seguir extorsionándolas cuando ellos quieran. Los amenazan con clausurarles por mil y un motivos. Operan como el crimen organizado, pero amparados en la Ley. La pasan mejor los negocios del comercio informal. ¡Qué ironías! 

Contra estos inspectores y los abusos que cometen, se arman las marchas y las protestas recientes que pronto habrán de sumarse a las de los maestros. En Nuevo León, la gente repudia que los inspectores les pongan la rodilla en el cuello. Así asfixian a las pequeñas empresas, a los comercios de barriada; los quieren dejar morados por la falta de oxígeno. 

No falta mucho para que los restauranteros, los dueños de bar, los sastres, panaderos, tenderos, mecánicos, tomen medidas radicales. Ya verán que abrirán sus negocios a costa de lo que sea (los que no lo han hecho ya a la brava) respetando obvio las medidas de salud, con cubrebocas y antibacterial, pero denunciando a los burócratas del gobierno del estado que quieren hacer Navidad con el coronavirus.

eloygarza1969@gmail.com

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