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Pensando en la inmortalidad del cangrejo Domingo, 31 de Marzo de 2019 01:02 a.m.

Hay momentos en que ideas inquietantes nos atrapan, nos confunden  y nos desconectan de lo que ocurre a nuestro alrededor.

La vista perdida y quizá la boca abierta, hacen que los demás noten nuestro estado y digan de nosotros que estamos pensando en la inmortalidad del cangrejo. Lo cierto es que en esos estados de ausencia podemos estar pensando en cualquier cosa menos en la “dizque” inmortalidad de este crustáceo de diez patas; eso da paso a la pregunta: ¿de dónde surgió tan enigmática expresión? De la antigua raíz kar, que encierra el concepto de “dureza” para nombrar a este bicho de caparazón duro. En griego se dijo karkino y en latín cancer, que en castellano pasó a ser  “cangrejo”.

En medicina se ha conservado la palabra latina “cáncer” (sólo le agregamos el acento) para nombrar a esos malignos tumores que parecen tener patas y que por su forma recuerdan al crustáceo. También es nombre de una constelación, un grupo de estrellas al que los antiguos hallaron la misma semejanza.

No está por demás comentar que la raíz kar (dureza) también la encontramos en el sufijo “cracia”, que forma palabras asociadas al poder como “aristocracia”, “democracia”, etc. De la familia también es el nombre griego “Pancracio”, que significa “todo el poder o toda la fuerza”. Bueno, después de todo la fuerza da poder y eso explica la asociación. Después de este paseo etimológico, volvamos con el cangrejo: De estos animalitos hay cerca de 4,000 especies, cuyos tamaños varían desde tiernas miniaturas hasta monstruosos cangrejos marinos, como el gigante japonés Macrocheira kaempfer, que pesa cerca de 20 kilos y alcanza una extensión de hasta cuatro metros. La creencia popular da por hecho que los cangrejos caminan hacia atrás y por eso se han acuñado frases como “ir para atrás como un cangrejo”, que se dice cuando la situación de una persona, empresa o proyecto va de mal en peor. Aunque, en realidad, ellos caminan de ladito, ¡ah!, pero eso sí, con mucho estilo.

En su proceso normal de crecimiento, estas criaturas, cuando ya no caben en su armadura, literalmente se la quitan para formarse otra a la medida. Esta cualidad generó la creencia de que cada que lo hacían volvían a renacer, y eso los hacía candidatos idóneos para la inmortalidad, hecho que deja absorto a quien trata de entender el mecanismo.

Otra curiosidad es que algún “genio” del que ya se ha perdido memoria, se jactaría de haber descubierto el secreto de la vida eterna del cangrejo al llegar a la siguiente conclusión: “Si lo normal es que caminando hacia adelante nos hacemos viejos, entonces caminando hacia atrás podríamos engañar al tiempo y mantenernos eternamente jóvenes, así como lo hace el cangrejo”. ¡Vaya!, como si la vida fuera una película a la que podemos darle rewind.

Tan antigua es esta ridícula idea que Shakespeare la usó en Hamlet. En dicha obra, en un diálogo con Polonio, reflexionando sobre la vejez Hamlet le dice: “…porque al fin, vos seríais sin duda tan joven como yo, si os fuera posible andar hacia atrás como el cangrejo”. Desde luego que esta afirmación ha “sacado de onda” a más de uno a través de los siglos y, como cualquier idea que llena de nudos el entendimiento, a quien se ha enredado en ella lo deja con la vista perdida, la boca abierta y hasta puede que por ahí la baba escurriendo. De ahí ha quedado que de quien está en tal estado, se diga que está pensando en la inmortalidad del cangrejo.


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