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PausaPor: Armando Arias Hernández AmbulandoMiércoles, 3 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

Aquella pareja de jóvenes enamorados había fijado la fecha de su boda para el verano, después de que cada una de las condiciones que habían puesto desde el inicio de su compromiso, tres años atrás, se habían cumplido, o más bien, se habían cumplido más o menos.

Ella siempre había soñado con una boda en una playa, con una casa amueblada, un empleo estable y un ingreso suficiente para tener una vida a la altura de sus expectativas. El también se había propuesto asegurarse un empleo con un puesto de nivel gerencial, que le permitiera lograr los sueños de su prometida y tener un nivel de vida que fuera a su parecer, digno. La pandemia se había cruzado en su camino, además de la baja en las finanzas de la empresa que le empleaba, dejándole con la mitad de los ingresos los últimos seis meses.

Se habían dado cuenta de que lo que ocurre entre los planes y los sueños y la realidad es precisamente el desarrollo de la vida con todo y sus crisis, sus problemas, sus triunfos y sus fracasos y que debían ser capaces de replantear sus metas y ceder como parte de su habilidad para adaptarse. Después de todo, el mapa no es igual al territorio. Así que la boda terminó siendo una mucho más pequeña, el empleo uno menos ambicioso, la casa una de renta, y el coche el mismo que había comprado en la época de la universidad.

Por alguna razón cayeron en la cuenta de que aquello de la felicidad no es algo que se alcanza ni mucho menos se le atribuye a la tenencia de algo. Y es que es común encontrarse con esas ilusiones que se fincan en la idea de que algo será mucho mejor, o que se alcanzará el estado ideal y feliz cuando ocurra tal o cual cosa, que a veces, muchas veces, no llega nunca.

He escuchado a quienes se refiere a una época futura con frases como “cuando se acabe la pandemia” o “ya que tengamos la inmunidad de rebaño y volvamos a la normalidad” para designar el momento en el que quitarán la pausa a los proyectos o a las metas que se habían planteado y que con esto del virus se habían puesto en modo de espera. Pero, ¿y si la normalidad no vuelve? O si vuelve de forma distinta, ¿Y si la pandemia termina pero comienza otro problema global grave? La vida sigue, no se ha puesto pausa a ningún minuto de nuestra existencia.

Para continuar con todo lo que sea posible es necesario trabajar en uno mismo para liberarse de las condiciones y abrirse a la posibilidad de cambiar, de renovarse para funcionar en un entorno que cambió. Enfocar la energía en ser pleno y capaz de vivir en un entorno cambiante y retador y de ser feliz en el proceso, a pesar de las dificultades y las carencias, apreciando y siendo agradecido con lo que se es y con lo que se cuenta y dejando de añorar lo que no se tiene. Trabajar en ser expertos y hábiles solucionadores de problemas y superadores de crisis, capaces de adaptarse a los cambios y prosperar en la ambigüedad y en las circunstancias difíciles.

Lo que venga, que no esté en nuestro control, se convertirá en una oportunidad más para aprender, para crecer y superarse, para gozar de la condición de ser vivo en comunidad, de forma productiva, creativa e innovadora. Si lo vemos con detenimiento, sólo así hemos podido navegar como humanidad en este reto de salud global, en el que en tiempo récord se ha combatido una pandemia que en otros momentos tendría unas consecuencias aún peores y un horizonte obscuro y aterrador.

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