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Parásitos y su historiaDomingo, 1 de Enero de 2017 01:00 a.m.

De los parásitos, la imagen más común que tenemos es la de un ser horrible que se alimenta a expensas de otro de diferente especie, algo así como nosotros con la vaca ¡gulps! Aunque en el lenguaje popular, también llamamos parásitos a quienes, sin aportar ningún trabajo, comen, visten y gastan a costa de otra u otras personas.

No siempre fue así. Entre los antiguos griegos, los parásitos eran altos funcionarios que tenían a su cargo la supervisión de las cosechas y la fabricación del pan para las festividades religiosas. Esto le da sentido al origen de la palabra, que procede del griego “para” que significa “junto a” y “sitos” que significa “trigo, alimentos”. De modo que la idea implícita en parásito es: “los que están junto a los alimentos”.

En ese entonces, era buen tiempo para ser parásito. Gozaban de buena reputación y en los banquetes era importante tenerlos a la mesa para contar con la bendición de los dioses. Los romanos tomaron de los griegos la costumbre y la palabra y, en un principio, siempre procuraban que en los grandes festines no faltaran a la mesa estos honorables parásitos. Pero, como nada es para siempre, poco a poco la dignidad de estos personajes fue menguando. De invitados imprescindibles, pasaron a ser invitados normales y al final terminaron siendo unos incómodos gorrones.

Nada dispuestos a extinguirse, los parásitos idearon nuevas estrategias para seguir teniendo lugar en las mesas ajenas. Hubo parásitos aduladores, que con halagos exagerados a los dueños de la casa, justificaban lo que se comían. A otros, menos afortunados, los llamaban los sufretormentos, que iban dispuestos a sufrir bromas y desprecios de los invitados por tal de compartir el banquete. Además, los había también burlones, que basaban su estrategia en divertir a los comensales con chistes y chascarrillos.

Con la reputación por los suelos, los parásitos tuvieron que salir a las calles a vender su “arte”. En una obra de Plauto, escritor cómico romano de aquellos tiempos, se lee este párrafo que nos da idea de cómo eran las cosas:

¡Vendo frases graciosas. Venid, ofreced! ¿Quién las quiere por una cena? ¿Quién ofrece una comida por ellas? ¡También vendo adivinanzas griegas de las que hacen sudar! ¡Blandas risotadas para cuando se está bebido, agudezas, halagos y regocijos parasitarios! ¡Un parásito vacío para depositar en él las sobras de la comida! Me es necesario vender esto… como sea”.

La palabra pasó del latín al castellano ya con un sentido despectivo, haciendo referencia a los que líneas arriba mencionamos como sufretormentos. Así lo escribió en 1611 Sebastián de Covarrubias en su obra Tesoro de la lengua castellana: “Parásitos: El truhan y chocarrero, que sigue las mesas esplendidas de los señores y todo su fin es comer y henchir la panza y a trueco desto consiente que le hagan muchas burlas y afrentas como a hombre baxo e infame. Es nombre griego”. (Antes de que me quemen en leña verde, aclaro que la ortografía es del Siglo XVII).

Al parecer, la palabra “parásito” ya estaba en camino de extinguirse porque, el diccionario de 1736, da la misma definición de Covarrubias, pero señala que es voz de muy poco uso. En el Siglo XVII, en el léxico de la biología, se incorporó “parásito” para nombrar a los organismos que viven a expensas de otros. Esto le dio un impulso a la palabra en el lenguaje coloquial, donde hasta hoy, parásito también es la persona que sin aportar nada, vive a costa de sus semejantes.

Esto me ha hecho pensar cómo da maromas la vida. En un principio el parásito era un funcionario público y en estos tiempos, salvo honrosas excepciones, muchos funcionarios públicos… vuelven a serlo.


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