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Para ser gendarme se debe tener los bigotes largos como LuciferSábado, 10 de Noviembre de 2018 06:49 a.m.

De todo aquel que llega a un nuevo cargo se espera que por lo menos cambie las cortinas de su oficina o la distribución de los muebles. Si no lo hace ¿dónde está el mentado cambio?

Aldo Fasci Zuazua no es nuevo en esto de la seguridad del estado de Nuevo León. Ya estuvo ahí en el gobierno de Natividad, y ahora “El Bronco” lo ha convencido de que regrese a una silla caliente, especialmente cuando el mes pasado, con cerca de un centenar de homicidios en la cruel estadística, alcanzó su punto más álgido en la presente administración.

El manotazo sobre la mesa de Fasci no se hizo esperar y cristalizó en el relevo de los mandos en los tres penales estatales. Para nadie es un secreto que, como decía el doctor Quiroz Cuarón, los reclusorios en nuestro país no son otra cosa que escuelas superiores del crimen desde donde salen instrucciones, amenazas, extorsiones y órdenes de secuestro. Ahí se perfeccionan los delincuentes.

Uno de los problemas principales que requieren atención es la sobrepoblación de los penales, todos. Por ello, en Topo Chico se han registrado no solamente asesinatos, sino abiertas rebeliones de los reclusos perfectamente organizados. La intención de vaciar el penal de Topo Chico se ve con dificultades. El problema es el maldito dinero. Si el gobernador dice no tener $40 millones para realizar dentro de un par de semanas la nueva edición de las elecciones regiomontanas, ¿de dónde van a salir los fondos para duplicar el número de celdas que se tiene contemplado para trasladar a los incómodos huéspedes?

El otro obstáculo es la maquinación política. Más pronto que inmediatamente la intención de instaurar el mando único de las corporaciones policíacas se ha topado con la descalificación de los contendientes municipales. Algo han de saber o algo han de temer.

De todos modos, Juan te llamas. Si de algo sabe Fasci es de cuestiones de policía y seguridad; eso ha hecho la mayor parte de su vida. El asunto es si lo dejan hacer: hay  muchos que no quisieran verlo crecer con eficiencia porque así sus aspiraciones en el escalafón político se verían incrementadas. Ya se sabe que la política mexicana, en realidad la política a secas, es como una cubeta de cangrejos en la que cuando uno de ellos pretende subir no falta otro u otros que le jalen de nuevo hacia abajo.

Particularmente en un área en la que la violencia es un factor permanente de riesgo. Y en un momento en que se ha disparado exponencialmente, en un estado que tradicionalmente fue de orden y progreso.

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