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Palabras torcidasDomingo, 6 de Septiembre de 2015 01:14 a.m.
¿Qué tienen en común un trofeo, un turista y un tuerto? ¿No lo sabes? Bueno, tómate un tiempo para leer estas líneas y conocerás a una familia muy torcida. 
Puede adivinarse que, hace ya muchos milenios, entre nuestros antepasados indoeuropeos hubo una palabra que debió sonar algo así como *terk en la que se encerraba el concepto de ‘girar, voltear, desviar de la trayectoria recta’; quizá esta voz evoca el sonido que se producía cuando a un animal o a un semejante le torcían el pescuezo, ¡vaya usted a saber! El caso es que de ahí, en lengua griega nació el verbo trepein, con el mismo significado. Luego se derivaron otras palabras y, con algunos cambios, algunas de ellas se integraron al castellano. De esta índole es fototropismo, que es el efecto de atracción que ejerce la luz sobre algunos seres vivos que, ante este estímulo, se tuercen hacia la luz.

Más interesante es la palabra ‘‘trofeo”, que deriva de la misma raíz. Era costumbre entre los guerreros helénicos que, cuando en una batalla sus enemigos huían dándose por vencidos, en señal de victoria con los despojos de los derrotados levantaban un montículo al que llamaban tropaion, cuyo sentido implícito era ‘lugar donde el enemigo dio la media vuelta o giró para emprender graciosa huida’. La palabra pasó al latín como trophaeum y de ahí al castellano como ‘‘trofeo”, manteniendo el sentido de ‘insignia o señal de victoria’.

De la misma familia es nuestro verbo ‘‘torcer”, cuyo origen está en el latín vulgar torcere, a su vez, una corrupción de torquere ‘girar, desviarse de la trayectoria recta’. Otras ‘palabras torcidas’ son: ‘‘tormento” y ‘‘tortura”, por el dolor causado al torcer alguna parte del cuerpo; cualquiera al que alguna vez le hayan hecho ‘manita de puerco’ sabe de lo que estoy hablando. También aquí entra ‘‘tuerto”, que en origen era una persona de involuntaria vista torcida (‘‘bizco’’ decimos hoy), aunque después, por esas cosas extrañas que tiene el lenguaje, pasó a designar a quien le falta un ojo. Hay quien con voluntad tuerce la vista con el fin de parecer feroz, y de ellos decimos que tienen una torva mirada, donde ‘‘torva” muestra la huella genética de la familia.

También reconocemos a la antigua raíz *terk , que en latín se transformó en *tor y *tuer, en las voces: retortijón o retorcijón, por no decir ‘estómago retorcido’; tuerca, la que gira para insertarse en el tornillo, que a veces es quien da vueltas; tortícolis, lo que padecemos cuando tenemos el cuello torcido y, por la capacidad de girar la cabeza al estilo de un poseído por el demonio, a ciertas aves las llamamos tortolitas.

Menos evidente es el parentesco de la palabra turismo. Al español llegó del inglés tourism y éste del francés tour, que significa ‘vuelta, circuito’. Su antecedente latino es torno (lo que da vueltas),  por eso el turista es un viajero cuya intención es retornar.  A propósito de ‘dar vueltas’, eso era lo que hacían los caballeros medievales en las contiendas en las que trataban de hacer morder el polvo al contrario, por eso a esas justas las llamaron en francés tourner y de ahí tuvo origen nuestra palabra torneo.

Si le seguimos buscando, ya no nos será difícil aceptar que otros integrantes de este clan son ‘‘tornado”, ‘‘tormenta”, ‘‘tornasol” y otras más. Aunque no hay que caer en la trampa de pensar que todas las palabras que llevan “tor” son de esta ralea, para estar seguros hay que escarbar en su pasado. 
Bueno, sólo espero que este tour en el que hemos conocido a  la familia de las ‘palabras torcidas’, no te haya resultado tan tortuoso.
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