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Palabras que llevan manoDomingo, 21 de Febrero de 2016 04:19 a.m.
Mucho le debemos a nuestras manos, con ellas nuestros ancestros treparon árboles para evadir a sus depredadores. De ellas se valieron para tensar el arco del que saldría la flecha que se clavaría en su necesario alimento.

Con la mano hecha puño se golpeaba a un oponente y con la mano extendida se sellaba una amistad. Para estas y muchas otras cosas nos han sido necesarias. Por eso hoy, cuando nos vemos imposibilitados para arreglar una situación, en sentido figurado decimos que “estamos atados de manos”.
 
Desde tiempos ancestrales, las manos han sido el más primitivo instrumento para que el más fuerte domine al más débil y esto ha dado lugar a muchas metáforas que guardan este concepto, como cuando decimos: “te tengo en mis manos”, o la palabra mancebo que viene del latín mancipus, nombre que se daba a los esclavos o a los criados y que literalmente significa “el que se tiene en la mano”. Por eso, cuando un esclavo lograba zafarse de ese dominio, se decía que se emancipaba, literalmente “se liberaba de la mano”.

También, “pedir la mano de la novia”, es una evocación de cuando en la cultura romana las mujeres debían, por ley, estar siempre bajo “el amparo” de un hombre. Para formalizar el compromiso matrimonial, el pretendiente se presentaba ante el padre de la dama y le solicitaba “la manus”, es decir, el mando o patria potestad que ejercería mientras durara el matrimonio. 

Así eran las cosas, el gran señor “tenía en su mano” a criados, esclavos, esposa e hijas y por lo tanto tenía el derecho de mandarlos y que le hicieran los mandados; aunque, al mismo tiempo, tenía la obligación de asegurarles el sustento o sea… mantenerlos. Una curiosa huella de estas circunstancias es que, todavía hoy, cuando vamos a comprar la despensa, decimos que vamos a comprar el mandado, aunque nadie nos haya mandado a hacer las compras.

De la idea de actuar con las manos, tenemos palabras como: maniobrar (obrar con las manos) y manufacturar (hacer con las manos); también manubrio que es un aditamento para, con las manos, dar vuelta a algún mecanismo; manipular o manejar, que en origen es controlar algo con las manos aunque luego, por metáfora, extendió su significado a ‘‘controlar algo o a alguien’’… ya sin necesidad de estas extremidades.

Otra huella de las manos la encontramos en la expresión “hacer algo a mansalva” (o sea a mano salva) que significa agredir a alguien cobardemente, sin correr ningún riesgo. De la familia también en manada, que primero fue la cantidad de semillas que podían tomarse con una mano y luego, por extensión, se dijo de un grupo de animales.

Muy importante en el lenguaje corporal es el movimiento de las manos, de ahí nació la voz manifestar, y si observas la palabra, descubrirás que su significado primitivo fue “hacer fiestas con las manos” aunque hoy, ya hasta los mancos pueden manifestarse.

La mano también es expresión de buenos sentimientos y buena voluntad, como cuando alguien en algún apuro nos “echa una manita”; también cuando nos unimos y mano con mano afrontamos una situación difícil; o simplemente cuando dos manos se estrechan para saludarse y qué decir de los enamorados que caminan juntos tomados de la mano.

Una rareza de la palabra mano es que es de las pocas que siendo de género femenino termina en “o”, esto ha propiciado que se vacile a la hora de hacer su diminutivo. Mientras que en España y en México decimos “la manita” en varios países de Sudamérica se decantan por decir “la manito”. La Real Academia, sabiamente, ha decidido dar por buenas ambas maneras (del latín manuarios, modo particular de usar las manos).

No cabe duda, las manos encierran nuestra esencia: las juntamos para rezar, las cerramos fuerte para golpear y las extendemos con suavidad para regalar una caricia.

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