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Palabras purépechasDomingo, 23 de Julio de 2017 01:25 a.m.

No se puede negar que, de las lenguas prehispánicas, la que mayor huella dejó en el español mexicano fue el náhuatl. No obstante, de la lengua de Michoacán, purépecha diríamos hoy, también guardamos palabras que han pasado a ser parte de nuestro diario hablar. Veamos algunos ejemplares de esta cantarina lengua: 

Tacuche: Cuando nos invitan a una reunión formal, decimos que hay que ir de tacuche. Es una forma jocosa para decir que hay que ir vestidos de traje y es que, en su origen, esta voz purépecha significa… “envoltorio de trapos”. 

Gorupos: ¡Se te van a subir los gorupos! Decían las abuelas cuando los pequeños se acercaban a las palomas, gallinas o cualquiera otra ave. Los gorupos son un tipo de pulgas muy afectas a las aves, pero que si tienen la oportunidad, no les importa mucho cambiar su domicilio a un ser humano. La palabra es una deformación de coruco, que así llamaban en lengua purépecha a estos animalitos. Es sabido que aún se usa en su presentación original en algunas partes de México. 

Timbiriche: Así llamamos a un juego de lápiz y papel que consiste en, a partir de una cuadrícula de puntos, ir completando cuadritos y marcarlos con nuestra inicial. Cuando se presenta la oportunidad, podemos hacer cuadritos en racimos y esto es lo que dio nombre al juego, ya que en lengua purépecha, “tumbire”, de donde se derivó timbiriche, justamente significa eso… “racimo”. 

Cácaro: A principios del Siglo XX, en plena época porfirista, era D. José Castañeda un emprendedor que abrió en Guadalajara un cine al que llamó “Salón Azul”. Él se encargaba de acompañar con sonidos y diálogos esas imágenes que el público veía con incredulidad y con asombro. Rafael González era su asistente, un muchacho que, como muchos de su época, había sido víctima de la viruela y llevaba en su cara las huellas de esa desgracia. Por lo mismo, llevaba el mote de Cácaro, otro modo de decir cacarizo. Era su tarea la proyección de la película, que hacía con un proyector de manivela y con el frecuente inconveniente de que se rompía o se quemaba la cinta. Entonces, tenía que darse prisa en arreglar el mal para calmar a ese público que, impaciente, a coro gritaba: ¡Cácaro! ¡Cácaro! Nombre que habría de perpetuarse para nombrar a todos los proyeccionistas del cine mexicano. 

De cacarizo, suele decirse que tiene origen gallego, pero la única prueba que se da es que en Galicia se conoce la palabra, como si las palabras sólo pudieran viajar en una dirección. Mejor soporte tiene nuestra propuesta de que esta voz tiene origen tarasco. En el vocabulario purépecha recogido por Fray Maturino de Gilberti, en 1542; encontramos que cacarani significaba “llaga reventada”. Además, en versiones antiguas del diccionario, cácaro y cacarizo se reportaban como mexicanismos. 

Purépechas o tarascos: Este pueblo prehispánico que habitó en amplias regiones de Michoacán, fue tan bravo que nunca pudo ser conquistado por los aguerridos mexicas. Hoy los llamamos purépechas o también tarascos. De 1541 es un libro titulado “Relación de las ceremonias y ritos y población y gobernación de los indios de la provincia de Mechoacán”, la autoría se le atribuye a un fraile franciscano que llevó el nombre de Jerónimo de Alcalá. En esa obra encontramos un fragmento que explica cómo nació el mote de tarascos para este pueblo: 

“… y los españoles antes que se fuesen llevaron dos indias consigo que le pidieron al cazonci de su parientas, y por el camino juntábanse con ellas y llamaban los indios que iban con ellos a los españoles tarascue, que quiere decir en su lengua yernos y de allí ellos después empezáronles a poner este nombre a los indios y en lugar de llamarles tarascue, llamáronlos tarasco, el cual nombre tienen agora y las mujeres tarascas”. 

Bueno, espero que hayan disfrutado este timbiriche de palabras que nos legó ese pueblo que, cuando los conquistadores españoles les preguntaron que quiénes eran, ellos contestaron “purépechas”; y es que, esta palabra, en su lengua significaba… “personas”. 







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