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Palabras nuevasDomingo, 3 de Enero de 2016 00:43 a.m.
Las cosas nuevas, cuando nos llegan, si son buenas nos hacen sentir bien. Algunas tienen la virtud de hacernos sentir importantes: un auto, una casa, un celular o hasta unos zapatos; cuando las tenemos, nos apresuramos a mostrarlas porque sería sentimiento vano si los demás no se dan cuenta. Otras vienen y son puertas para nuestras esperanzas: un nuevo empleo, una nueva pareja o también un nuevo año; queremos creer que al abrirlas nos conducirán por caminos sembrados de felicidad. En cualquier caso, ya sea porque alimentan nuestro ego o porque alimentan nuestros sueños... las cosas nuevas nos hacen sentir bien.

Lo nuevo no llega solo, viene acompañado de emociones, es la sorpresa de conocer lo que ignorábamos, de tomar posesión de objetos que serán nuestros tácitos esclavos o perturbadoras situaciones que guardan el misterio de lo que vendrá. Así ha sido desde siempre y de esta circunstancia nació ‘‘nuevo’’, una palabra que ya cuenta una historia vieja.

Los estudiosos del lenguaje, tras sesudos estudios, han concluido que hace mucho tiempo, digamos unos ocho milenios, en una región de lo que hoy es Turquía existió un pueblo cuyos habitantes caminaron mucho, algunos de ellos a distintas regiones de Europa y otros hacia tierras asiáticas. A falta de un nombre, se los ha llamado indoeuropeos. Su lengua fue madre del griego, del latín, del inglés, del alemán, del ruso y otras lenguas que se hablan o se hablaron en Europa. En Asia también dejaron descendencia: el sánscrito, el hindi, el cingalés y el persa, entre otras.

El caso es que estos amigos indoeuropeos ya tenían una palabra para expresar su asombro cuando se enfrentaban a lo que les era extraño. Debió sonar algo así como *newo y de ahí diferentes bocas le fueron dando distintas pronunciaciones: en sánscrito se dijo ‘‘náva’’, en irlandés antiguo ‘‘nûe’’, en griego ‘‘neos’’ y en latín ‘‘novus’’.

En castellano podemos reconocer esta palabra madre en el adjetivo ‘‘nuevo’’, pero también en otras voces como: novel, adjetivo que aplicamos a un principiante de cualquier arte u oficio; novela, que nos llegó del italiano (novella) y que nombra a una nueva historia; renuevo, el vástago que echa el árbol que ha sido podado, mientras que renovar es dejar algo como cuando estaba nuevo.

A las cosas que por primera vez se nos muestran les decimos novedades o que son novedosas, y cuando innovamos es cuando justo introducimos novedades en algún proceso. De la familia también son: novillo, el toro nuevo que tiene de dos a tres años; novillero, el torero principiante que se limita a lidiar novillos; novicia, la recién llegada a un convento y que deja de serlo hasta que profesa; novios, que aunque hoy son los que aspiran a unirse en matrimonio, en Roma eran los nuevos cónyuges y eso explica la palabra; y cerramos esta sarta de voces de origen latino con novato, el que se inicia en una actividad y suele ser víctima de novatadas.

Por el lado griego nos llegó ‘‘neo’’, prefijo de muchas palabras como: neoliberal, neoclásico, neoleonés y neologismo. Otra palabra de origen helénico es neófito, (neo-phytos) que literalmente significa ‘‘los nuevos plantados’’ y que nombraba a los recién convertidos a una religión, aunque coloquialmente hoy se aplica a quien es nuevo en cualquier actividad.

Hay quien dice que es redundante decir que se aprende algo nuevo, porque si se acaba de aprender necesariamente debe ser nuevo. No obstante hoy hemos aprendido la vieja historia de las ‘‘palabras nuevas’’.

Y ya que hablamos de cosas nuevas, ojalá que este año que empieza se vayan las cosas viejas que nos estorban para llenarnos de cosas nuevas y buenas. Así sea para todos. 

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos
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