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Palabras mosqueadasDomingo, 7 de Octubre de 2018 00:01 a.m.

“Usted ponga la mesa, que nosotros pondremos las palabras”. Con esta frase me comprometo con quienes, cada martes, nos acompañan en el programa de televisión “Palabras sobre la mesa”. Cumplir con este hebdomadario compromiso, me ha convertido en algo así como un chef de la lengua, ocupado y preocupado por preparar apetecibles platillos de palabras para corresponder a quienes se toman la molestia de dedicarnos una hora de su tiempo.

Les cuento esto porque quiero compartirles que, en el más reciente programa, se me ocurrió hacer un guión con palabras relacionadas con insectos y cuando decidí comenzar con la mosca, fue sorprendente encontrar que, para llenar todo un programa, ya no necesité más, fue suficiente con las que ahora llamo “palabras mosqueadas”.

En ese programa resolvimos el desconcertante misterio: “¿Qué tienen que ver los tres mosqueteros con las moscas?”. Aunque el cine y la literatura nos hacen pensar en estos personajes como diestros espadachines, ya verán que esto es secundario.

En el pasado, para que un soldado fuera mosquetero, tenía que portar y saber usar un mosquete, arma de fuego que le daba nombre. No cualquiera podía cargarla, se necesitaban hombres fuertes, porque era un arma tan pesada que, para dispararla, era menester apoyarla en una horqueta clavada en el piso. ¡Vaya!, de esto no nos enteraron los libros y las películas de Los tres mosqueteros.

Falta saber por qué los mosquetes se llamaban así. Resulta que, cuando se construyeron las primeras armas de fuego portátiles, fue costumbre y ocurrencia ponerles nombres de animales, principalmente de aves rapaces. Una de ellas, era una especie de halcón de color claro, cubierto con unas manchitas negras que parecían moscas reposando sobre su albo plumaje; por eso lo llamaron mosquete (moschetto en italiano), como decir ´mosqueado´. Tocó en suerte que el nombre de esta ave fue elegido para denominar al arma aludida. Así que ya ven: la mosca al ave, el ave al arma y el arma al soldado… sí, hay una mosca “parada” en la palabra mosquetero.

Las moscas dan mucho de qué hablar, abundan frases en las que ellas son las protagonistas. Como cuando decimos: “Es una mosquita muerta”, dicho de quien sabe ocultar su lado oscuro con una máscara de ingenuidad, en alusión a la mosca que se hace la muerta para que la dejemos en paz, pero en un descuido, sale volando para seguirnos desesperando.

Otras: “No se oye ni el aleteo de una mosca”, para referirse a un silencio sepulcral; “No cabe ni una mosca”, se dice de lugares atiborrados de gente. “En boca cerrada no entran moscas”, consejo para quienes hablan más de la cuenta; “Aramos, dijo la mosca y estaba parada en el cuerno del buey”, para recriminar a quienes presumen de hacer una tarea, cuando sólo está de mirón y es otro quien la hace. “Irse de mosca”, pegarse en la parte trasera de un camión para no pagar pasaje. ¿Se saben otras? Seguro que sí.

Bien decía Augusto Monterroso: “Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas”. Luego añadía: “La mosca invade todas las literaturas y, claro, donde uno pone el ojo encuentra la mosca. No hay verdadero escritor que en su oportunidad no le haya dedicado un poema, una página, un párrafo, una línea; y si eres escritor y no lo has hecho te aconsejo que sigas mi ejemplo y corras a hacerlo”.

No es que le creamos a Monterroso, pero, por si las moscas, en “Palabras sobre la mesa” ya hemos atendido su consejo y le dedicamos un programa completo a estos insectos dípteros (del griego díptera “dos alas”). Por cierto, si quieren acompañarnos, están invitadísimos. Es los martes de 2 a 3 PM, en C28TVNL cuando ustedes ponen la mesa y nosotros las palabras.

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