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Palabras de pobrezaDomingo, 7 de Febrero de 2016 01:58 a.m.
"Pobre del pobre que al cielo no va, lo friegan aquí y lo friegan allá’’, así reza un refrán popular casi tan antiguo como la pobreza. La escasez de recursos siempre ha acompañado a grandes sectores de la humanidad y esta circunstancia se ha reflejado en el lenguaje, que hoy cuenta con un gran catálogo de frases y palabras que reflejan esta condición.

De la voz latina pauper que en origen significaba ‘‘el que produce poco’’ y que luego tomó el sentido de ‘‘tener poco o ya de plano nada’’, con algunos cambios fonéticos nació la palabra castellana pobre, su derivado pobreza y el superlativo paupérrimo que conserva intacta su raíz latina.

En otros modos, con elegancia decimos “Estoy en la vil inopia”, donde inopia (in-ops) significa ‘‘sin riqueza’’; o decimos ‘‘estar en la indigencia’’ de in-egere (dentro de la escasez).

También decimos ‘‘quedarse sin un quinto’’. Entre las décadas de los 40 y los 80, la moneda de menor denominación era de cinco centavos, portaba la imagen de doña Josefa Ortiz de Domínguez y coloquialmente se le llamaba quinto. Así, esta expresión significa no tener nada, ni siquiera una monedita de cinco centavos.

De menor uso, cuando alguien se siente desprovisto después de haber tenido riquezas suele decir “estoy como la Magnífica”, frase que en su origen era un poco más larga “estoy como la Magnífica, sin cosa alguna”. Proviene de la oración cristiana El Magníficat o La Magnífica, y refiere en tono mordaz a la frase ‘‘Desposeyó a los poderosos y elevó a los humildes; a los necesitados los llenó de bienes y a los ricos dejó sin cosa alguna’’.

De particular interés es “estar en la prángana”, una expresión que aunque nos llegó de Cuba, quizá el origen primero esté en tierras asiáticas. En lenguas que son hijas del sánscrito, la voz prángana encierra el concepto de ‘‘lugar exterior’’, que bien puede ser un patio o el espacio al aire libre del frente de un edificio. De ser así, “estar en la prángana” vendría a equivaler a “estar en la calle”, es decir, en la miseria. Luego se dijo “estar prángana” por “estar pobre” y como los prejuicios asocian la pobreza con la flojera, ahora “estar de prángana” se dice de quien vive sin oficio ni beneficio.

Muy popular y controvertido fue un periodiquito con tintes políticos del Siglo XIX llamado El Padre Cobos. Hurgando en uno de sus ejemplares de 1871, encontré estos versitos dedicados al Benemérito de las Américas: “En fin D.
Benito Juárez, que parece que ni chista, también nos ofrece cosas, para reventar de dicha, después que en catorce años, nos ha dejado en la chilla”. Más allá de la pedrada a don Benito, lo que interesa para este artículo es el uso de “estar en la chilla” que, como vemos, ya se usaba desde el Siglo XIX para referirse a un estado de pobreza. En latín, scindûla era el nombre de las tablas delgadas y de baja calidad, de ahí en castellano se dijo chilla para significar lo mismo. Es probable que a un cuartucho hecho con estas tablas, también se le llamara chilla y lo habitaran quienes no tenían para más. Eso explicaría la relación entre ‘‘estar en la chilla’’ y ‘‘estar en la vil inopia’’.

Muy intrigante es la expresión “andar o estar bruja”, que no se refiere a una mujer con verrugas que lanza hechizos y se transporta en una escoba, sino a un estado transitorio  de pobreza. La frase nació en Cuba, y lo más probable es que se trate de una herencia de los esclavos del pueblo yoruba que llegaron a este país. En la lengua de este pueblo que se asienta en el noreste de África, la voz buru es ‘‘estar en mal estado’’ y si la mala situación es extrema, entonces se usa la palabra buruju. Así que de “estar buruju”, por similitud fonética nacería estar bruja para indicar un estado de pobreza en grado superlativo. Como buena bruja, la expresión voló, voló y asentó sus reales en México y otros países americanos.

Suena irónico que la pobreza haya enriquecido tanto al lenguaje y seguro lo seguirá haciendo porque, mientras la riqueza de los pocos se nutra de la miseria de los muchos, difícilmente podrá ser erradicada.
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