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Palabras cuatrerasDomingo, 11 de Enero de 2015 01:14 a.m.
Hay gente que asegura que se les aparecen fantasmas. Yo nunca he visto uno, pero lo que sí puedo asegurar es que con frecuencia se me aparecen historias y esto me puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar.

Justo ayer, en un centro comercial, un joven tropezó con una banca y tras su aparatosa caída, sacudiéndose el polvo y la vergüenza dijo a una chica que lo acompañaba  "¡Uf!, hace mucho que no daba el cuartazo" –¿el qué?– contestó la chica… sin decir más, se retiraron sin la menor idea de que ese cuartazo abrió la puerta a esta historia de palabras cuatreras.

Difícil saber el origen primero del nombre, pero se tiene por cierto que pueblos muy antiguos ya decían algo así como *kwetwer para referirse al número que sigue al tres. De ahí en latín se dijo quattuor y en castellano cuatro. Muchas palabras y expresiones se han derivado de esta palabra, a veces de manera obvia y otras no tanto.

Por tener cuatro lados, nació el nombre para el cuadro, cuadrado o cuadrilátero; así como, por estar entre cuatro paredes, a una habitación la llamamos cuarto. De dividir un pliego de papel en cuatro partes, a cada una la llamamos cuartilla y si unimos varias obtenemos un cuaderno.

Una vara era una unidad de medida que equivalía a cerca de 80 cm., y por eso a la distancia entra el dedo pulgar y el meñique, al estirar la mano, se le llamó cuarta (la cuarta parte de una vara); pero también, en los carros que eran estirados por cuatro mulas, a la que servía de guía se la llamaba cuarta y de ahí quedó que al látigo corto de cuero que servía para animarla a moverse rápido se le llamó igual. Luego, a los azotes que se daban con dicha cuarta los llamaron cuartazos, que luego tomó el sentido de ´dar el azotón´, como el que se dio el distraído joven que motivó esta historia.

Cuando somos víctimas de una trampa, en México solemos decir: ´Me pusieron un cuatro´, y es que en el lenguaje campirano del siglo XIX, un cuatro era una trampa para atrapar especies menores como conejos, ardillas, etc. Ya esa trampa dejó de usarse, pero ahora ´los cuatros´ son esas trampas que pretenden capturar a especímenes ya no tan menores.

En las historias de vaqueros, los malos de la película eran los cuatreros; se distinguían por llevar la boca tapada con un pañuelo y se especializaban en robar el ganado, patrimonio de los habitantes del viejo oeste. El nombre de estos bandidos se remonta hasta la sociedad romana, donde a los animales cuadrúpedos los llamaban animalia quadrupedia, o sea ´animales de cuatro patas´. De ahí, en lenguaje popular, quedó que a los caballos los llamaran simplemente  ´cuatros´, que luego quedó en cuacos, y a quien tenía la afición de robárselos… cuatreros.

Otra palabra nació de la costumbre militar de dividir a un batallón en cuatro partes y a cada una la llamaban cuadrilla, aunque después pasó a nombrar a cualquier grupo de personas que se reúnen para lograr un objetivo ya no necesariamente militar.

El cuatro también está presente en el verbo descuartizar que desde tiempos antiguos se usó para referirse a la acción de partir en cuatro partes el cuerpo de una res o una ternera; pero también los cuerpos de los malhechores o enemigos, para luego dejar sus partes en los caminos reales o en lugares visibles para que sirvieran de escarmiento a quienes pretendieran seguir los pasos del desdichado descuartizado. Una época de barbarie que creíamos ya superada, pero que los últimos años nos han demostrado que aún está presente. De este concepto de ruptura quedó el verbo cuartear, que se dice de una construcción que amenaza ruina.

En las castas de la época de La Colonia, una de ellas eran los cuarterones, dicho así por ser hijos de mestizo y española, o sea un cuarto de indio. En otra historia, si meter la pata es indeseable, menos lo es ´meter las cuatro´, que es lo que literalmente significa cuatrapearse.

Ya ven, no fue tan inútil el cuartazo que se dio nuestro anónimo amigo, lástima que él nunca lo sabrá.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN: Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor   de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para   luego ir con el chisme.
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