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Palabra de bueyDomingo, 21 de Agosto de 2016 01:40 a.m.
Hay un viejo refrán que reza: “A dónde irá el buey que no are, sino al matadero”, y es que, de estos animales de gran fuerza y nula bravura bien que sabemos aprovecharnos.

Los ponemos a trabajar en arduas tareas campiranas y cuando el trabajo falta, antes que mantenerlos desempleados los mandamos al matadero y entonces nos los comemos. Todavía aprovechamos el cuero para hacernos unos zapatos, un cinto, bolsas para las damas o muchas otras chucherías.

¡Caray!, tratando de ser justos, lo menos que podemos hacer por estos cuadrúpedos es dedicarles algunas palabras. Si hoy le preguntas a alguien ¿cómo le hacen los bueyes?, casi seguro que te dirá  “muuu” y hasta lo dirá con entusiasmo natural; argumentará, tal vez, que por eso los bueyes mugen y eso es irrebatible. No obstante, parece que no siempre fue así, el ruido que emiten estos animales, a nuestro antepasados indoeuropeos les sonaba a gwou, y así esa palabra arcaica guardo el concepto de ‘‘ganado’’.

La palabra gwou, en griego se dijo bous y de ahí derivaron palabras como bulimia ‘‘hambriento como buey’’, bucéfalo ‘‘cabeza de buey, nombre del caballo de Alejandro Magno’’, boyero ‘‘cuidador de bueyes’’ y bucólico ‘‘imágenes o expresiones campiranas’’.

En el latín, gwou tomó las formas bovis y bos, por eso ‘‘ganado bovino’’. También en latín, de “bos”, nació la palabra buttis para nombrar a un recipiente hecho de cuero de buey para contener el vino o algún otro líquido. Esta palabra en castellano se convirtió en bota, en la que aún solemos guardar un buen vino. No confundir con la otra bota, el calzado que resguarda el pie y parte de la pierna, esta palabra tiene origen en el francés botte que viene de otra historia.

Para que vean cómo se va tejiendo el lenguaje, les cuento que era costumbre que cuando en una taberna pedías una bota de vino, te la sirvieran con una tapa de tocino, salchichón o algún otro embutido. De ahí quedó que a esos antojitos que acompañan a la bebida le digamos botana (o sea, tapa de la bota); y por la misma razón en España a la botana la llaman tapas. A cierto tipo de botas de menor tamaño, en latín las llamaron en diminutivo buttículas y de ahí nació nuestra palabra botella. Aunque hoy las botellas ya no se hacen de cuero, en esa “b grande” está la huella de que en su origen, se hacían de cuero de buey.

Sin duda, en México la más exitosa huella lingüística de los bueyes, es la palabra güey que eufemísticamente algunos escriben “wey”. Esta voz que ya ocupa un lugar en el diccionario, por muchos años fue insulto vulgar entre hombres, y nos cuidábamos de no decirla en cualquier parte. Hoy, ya no necesariamente es palabra para insultar y es tan común, que hasta las chicas la usan para llamarse entre ellas. Un ejemplo de la “cultura” que promueven los medios.

En fin, es cuestión de buscarle y veremos que las huellas de buey son abundantes en nuestra lengua. A manera de ejemplo, cerremos con una cápsula de sabiduría bovina: En los momentos difíciles, recuerda que “si los bueyes no están juntos, la yunta jala de lado”;  pero si jalamos parejo, “sacaremos a este buey de la barranca”.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos
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