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Olvidar... Por: Jaime Claudio Pérez García Ruta de ColisiónMiércoles, 16 de Diciembre de 2020 00:00 a.m.

Pocas cosas tan tristes y deprimentes como observar a quienes se encuentran agazapados, aislados en el silencio y la indiferencia, sin hacer nada y sólo criticando lo que hacen los demás. Hay cosas que se hunden y luego flotan, y hay otras que se hunden y nunca vuelven a aparecer. Hay un daño en las comparaciones que están en todo, pues siempre algo o alguien es mejor que tú, y duele quedarse atrás en esa carrera contra el tiempo, al surgir la destructiva envidia. 

La costumbre y la comodidad nos hacen hacer las cosas siempre de la misma forma, en el confort de lo conocido la humanidad siempre olvida, y  para recordar construye monumentos y estatuas, confía su memoria a las piedras, que no olvidan.   

La educación conduce a la libertad, tal vez por eso nuestros políticos ramplones mantienen la ignorancia, para seguir manejando a la borregada. Las religiones tradicionalmente han ido contra la ciencia, motivadas por la ignorancia y el fanatismo. Han hecho mucho daño con graves injusticias, deteniendo el progreso y el desarrollo del conocimiento. Y aunque a veces las cosas salen mejor cuando las condiciones no son óptimas, eso significa que algunos funcionamos mejor bajo presión, al posponer el tratamiento, para prolongar el alivio.  

Hay glotones para todo: comida, alcohol, sexo, drogas o trabajo, y éste último nos da una  falsa sensación de respetabilidad, pero de nada vale estar en movimiento sólo para continuar atorado en el mismo lugar. Es gratificante cuando alguien te dice "Creo que soy un poco mejor gracias a ti". Y entonces, tú también caes en cuenta de las muchas personas que a través del tiempo han influido en tu desarrollo personal. Siempre hay mucho que agradecer. 

Con algunas mujeres hay que cuidar lo que platicas, les dices algo y lo toman como una verdad bíblica, y además lo sacan del archivo cada vez que te señalan fallas o discuten algo. No se les olvida nada y todo puede ser usado en tu contra, pues como tú te ves en el espejo, no es como los demás te ven a ti. Y al ser una realidad rescatada del olvido, las mujeres no tienen limitaciones, tienen diferencias.

Hay una deuda histórica con las mujeres que recién asoman la cabeza. En los años 50 y 60 del siglo pasado sus limitaciones eran enormes. Algunas se casaban muy jóvenes con su primer novio –seguramente amándolo– y era también para salirse de casa y del cuidado excesivo que se tenía con ellas. Con los hombres era diferente, yo fui el quinto de la familia y me crié realmente como perrito de la calle, libre y despreocupado, en cambio ellas, ya fuera de casa y con estrictos valores religiosos se llenaban de hijos. Pero no todas las chicas de esa época  acertaron en sus decisiones sentimentales, pues  aunque sabemos que la mujer vive por y para el amor, esos eran otros tiempos. Hoy las chicas –y las no tan chicas– estudian, trabajan, son libres y autosuficientes, a veces se casan, siguen trabajando y posponen la maternidad, y a veces ni se casan, y pueden tener una vida de pareja temporal o permanente, y si no resulta, eso no les quita el sueño, siguen con seguridad su vida y sus proyectos, tienen mucha más libertad y oportunidades. Finalmente parece que la mujer empieza a ser libre, y alguna explicación de ese cambio de actitud no es sólo de ellas, de toda la sociedad, podrían ser el cine y el Internet, que no sólo son un escape y entretenimiento, son una influencia en el modo de ver el mundo y en el modo en que se actúa ante él. Para bien y para mal.

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