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Monterrey, NL
Clima
ObsolescenciaPor: Armando Arias AmbulandoMiércoles, 24 de Febrero de 2021 02:00 a.m.

Era en los años 70, la década completa, al menos como lo recuerdo, cuando disfrutábamos de la potencia y la comodidad de un automóvil que mis padres tenían desde nuevo, cuando lo compraron de alguna agencia Ford de esta ciudad. 

El auto en cuestión era un Ford Falcon modelo 1969, blanco, dos puertas, de asientos de vinilo rojo y de acabados interiores en ese mismo color. La transmisión era manual, de tres velocidades que se cambiaban con una palanca que estaba del lado derecho del volante, no en el piso como muchos otros. La defensa de aquel coche era discreta, aunque era cromada, era delgada y elegante. Las visitas al autocine en las noches de los viernes se hacían en el Falcon, que albergaba en su cofre a los cuatro pequeños que, recargados en el parabrisas, disfrutaban de sándwiches y refrescos, además de palomitas, mientras veían la película que se proyectaba. 

Una tarde de algún verano de aquella década, mientras esperábamos a incorporarnos a la avenida Constitución, saliendo de la calle Pino Suárez, sentimos un impacto en seco, justo en la defensa trasera. Mi madre manejaba y luego de apagar la marcha esperó a que el conductor del otro vehículo, un Galaxy dorado se acercara para luego acordar lo necesario para resolver el percance. Ninguno de los dos coches había sufrido daños, al menos no en lo evidente. Y es que, a diferencia de los nuevos autos que tienen lámina ligera, o incluso otro tipo de materiales poco resistentes y que pretenden ser parte de lo que hoy se conoce como obsolescencia programada, los automóviles de antes estaban fabricados para durar y resistir. 

En los últimos años hemos experimentado circunstancias en el entorno que han puesto a prueba la infraestructura y los sistemas con los que nuestras sociedades funcionan. Las últimas semanas han dejado en evidencia la fragilidad que el equilibrio de muchos de esos sistemas tienen ante el golpe del clima. Y es que, los caminos, las redes eléctricas y como funcionan, los sistemas de agua y drenaje de las grandes ciudades, las presas y la forma de producir gran parte de la energía que hoy nos mantiene funcionando y en equilibrio, fueron diseñados hace décadas o incluso siglos, considerando otras circunstancias, incluyendo las climáticas, que hoy han cambiado y que ponen a la humanidad ante un reto mayúsculo. 

Hoy hay que pensar en estos sistemas y esta infraestructura, en las políticas y en las tecnologías sustentables y suficientes para garantizar la funcionalidad y la conservación del medio ambiente en un entorno diferente y extremo con todo lo que esto acarrea. El uso de energías limpias, la forma de construcción de caminos, de presas, de sistemas de alcantarillado y desagüe, los materiales de construcción y aislamiento son, por decir sólo algunos, los asuntos que ocuparán la mente y las agendas de políticos, empresarios y científicos, y por supuesto de todos los habitantes de este planeta que experimenta una crisis de cambios y que ha iniciado por mostrar la obsolescencia de lo que antes funcionaba pero que no lo hará en las nuevas condiciones.

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