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No le ladraban a SanchoDomingo, 17 de Enero de 2016 02:15 a.m.
¡Qué difícil es ir por la vida con tranquilidad! Apenas nuestras acciones marcan huella y, como perros, no faltan adversarios que con fuertes ladridos tratan de persuadirnos de que nos detengamos. Cuando esto sucede, a manera de conjuro para contrarrestar la agresión, solemos repetir la frase atribuida al Quijote: “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.

El hecho es que, la susodicha frase, no aparece en ninguna parte de la magna obra de Cervantes. Como a muchas otras, se le ha adjudicado una paternidad equivocada. Pero, entonces ¿cuál es el origen?

Los perros que ladran a los caminantes, como metáfora de los gritos que tratan de detener a alguien que avanza pisando fuerte, es una idea muy antigua. A principios del Siglo XVI, el escritor italiano Andrea Alciato (1492-1550) publicó una colección de epigramas en su obra Emblematum Liber, uno de ellos, el No. 163, se llama Inannis Ímpetu (ímpetu vano), del que me permití hacer una traducción: “Para el perro, es la luna un gran espejo; ve su reflejo creyéndolo otro perro. Vanos ladridos ahogados por el viento. La luna sorda, prosigue
su camino”.

En el ejemplo citado, la luna es el caminante que avanza ignorando a los perros, que frustrados ven lo vano de sus ladridos. Es el gran Goethe, quien da un nuevo matiz a la metáfora. En 1808, escribió Ladrador, un poema en el que los ladridos de los perros tienen otro sentido, son señal, para un inseguro caminante, de que aún sigue en el camino: “Cabalgamos por el mundo, en busca de fortuna y de  placeres / Más siempre atrás nos  ladran, ladran con fuerza… Quisieran los perros del potrero / Por siempre acompañarnos, pero sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos”.

Es sin duda este poema del que surge la frase: “Ladran, señal de que cabalgamos”; ya que en los primeros usos, claramente es atribuida a Goethe. En español, la referencia más antigua conocida se encuentra en  la edición de agosto de 1903 de la Revista “Nuestro Tiempo”; en el artículo “Los dos catolicismos”, de Edmundo González Blanco, dice: “El perro, empleando la comparación de Goethe, quisiera acompañarnos desde el establo; pero el eco de sus ladridos nos prueba que cabalgamos”.

Ahora que, la referencia más antigua que he encontrado está en inglés: En Godey’s Magazine, 1868, pág. 275; en artículo de  Louis Antoine Godey y Sarah Josepha Buell Hale, dice: “Goethe never said a truer thing than, ‘ When the dogs bark we know we are riding on horseback”. (Goethe nunca dijo algo más verdadero que: “Cuando los perros ladran, sabemos que cabalgamos”).

¿En qué momento se coló Sancho en la expresión? Difícil saberlo, aunque todo indica que fue en la primera mitad del Siglo XX, alguien supuso que la frase era del Quijote y agregó al Sancho, con mucha fortuna por cierto, porque el error se propagó exponencialmente. En fin, quedémonos con que de la frase “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”, la paternidad corresponde al gran Goethe… el Sancho sale sobrando y no es a él a quien le ladraban los perros.
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