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No dar pie con bolaDomingo, 11 de Junio de 2017 00:36 a.m.

Hay veces que por más que nos esforzamos, las cosas no nos salen bien. Vamos a un examen o a una entrevista de trabajo y nomás no damos una en lo que se espera que debemos responder. Cuando nos toca vivir situaciones así, con frustración solemos decir que no dimos pie con bola. Pero, ¿por qué decimos así? Bueno, esto tratamos de responderlo con esta historia.

Aunque pudiera pensarse que la expresión hace referencia a un frustrado pie tratando de pegarle a una pelota, la historia nos muestra que su origen es más complejo. Lo curioso de esta expresión es que su significado sufrió una mutación ya bien entrado el Siglo XIX. Es que antes, y durante varios siglos, pie con bola encerró el concepto de equilibrio. Por ejemplo, para decir que en algún negocio no se había ganado ni perdido decían “salí pie con bola”, similar al “salí a mano” que hoy usamos. También, para decir que se llegaba justo a tiempo a algún lugar, decían: “llegué a pie con bola”, es decir, ni tarde ni temprano.

En 1627, Gonzalo Correas describió lo anterior con claridad en su obra Vocabulario de Refranes y Frases Proverbiales. Ahí se lee: “Pie con bola: Dícese cuando uno llega medidamente al punto que ha de llegar. Dícese de dinero que apenas alcanza y no sobra”.

Hay muchas otras referencias de este uso antiguo de la expresión y el significado que ahora conocemos, lo encontramos documentado por primera vez apenas hasta 1884, en La Regenta, novela de Leopoldo Alas. En un párrafo dice: “…pero Don Santos si no bebía no daba pie con bola, no entendía palabra de lugares teológicos…”.

Esto nos lleva a pensar que, en algún momento de la segunda mitad de Siglo XIX, la expresión sufrió un cambio en su significado. Bien pudo ser por el influjo del futbol que inició su popularización justo en esa época y que llevó a relacionar al pie queriendo patear una bola.

Del origen primero de la expresión, el escritor español Julio Cáceres, en 1951 hizo una tímida propuesta al suponer que podía tener origen en un antiguo juego de cartas. Así lo escribió: “La expresión pie con bola, gozaba de vida independiente y procedía, si no estamos equivocados, del juego de naipes”. ( Introducción a la Lexicografía Moderna, Julio Cáceres, 1951)

Según Cáceres, pie sería el último en jugar, en oposición al primero llamado mano. La bola sería un lance de este juego en el que se podía recuperar lo que se había perdido (concepto de equilibrio).

A mi parecer, una mejor explicación y con mejor sustento, se puede inferir de la obra Examen de Ingenios para las Ciencias, que en 1575 escribió el español Juan Huarte de San Juan. Al escribir sobre los dioses romanos, hace esta descripción de la diosa Fortuna: “Llamáronla con el nombre Fortuna, la pintaban en forma de mujer, con un cetro real en la mano, vendados los ojos y puesta de pies sobre una bola redonda. Por el cetro real la tenían por señora de las riquezas y honra; el tener vendados los ojos daba a entender el mal tiento que tiene en repartir los dones; estar de pie sobre la bola redonda significa la poca firmeza que tiene en los favores que hace: con la misma facilidad que los da los vuelve a quitar, sin tener estabilidad”.

No es descabellado pensar que la expresión hacía referencia a la diosa Fortuna que, parada en una bola, hacía malabares para mantener el equilibrio y así como daba, luego quitaba. Concepto que se encapsularía en la frase: “pie con bola”. Por supuesto y con la misma humildad que Julio Cáceres, así sería si es que no estoy equivocado.



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