icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Ni qué ocho cuartosDomingo, 2 de Abril de 2017 01:11 a.m.

Cuando queremos enfatizar un desacuerdo, no es raro que agreguemos la coletilla “…ni qué ocho cuartos”. Así lo hicieron nuestros abuelos, nuestros padres y tal vez lo continuarán haciendo nuestros hijos. ¡Bien! Esto es promesa de muchos clientes para este artículo que pretende responder a la pregunta: ¿De dónde diablos salieron esos ocho cuartos?

El paso del tiempo ha oscurecido la circunstancia que le dio origen a esta expresión y, aprovechando el vacío, con ligereza algunos han propuesto que esos ocho cuartos hacen referencia a los cuartos de una casa o de un hotel sin dar mayores explicaciones. Las referencias escritas más antiguas se encuentran en España, así que mejor busquemos en la historia de aquellas tierras.

Por muchos años, en España existió “el realillo”, que era la moneda de uso corriente y equivalía a ocho cuartos de peseta. Por eso también era conocido como “realillo de a ocho cuartos”. Para muestra y respaldo de lo dicho, va una antigua copla española: “Tengo que empedrar tu calle, con realillos de a ocho cuartos, para que vayas a misa, sin romperte los zapatos”.

Al parecer, para la economía popular de los Siglos XVIII y XIX, pagar ocho cuartos por los artículos de primera necesidad era lo considerado razonable y cuando los precios superaban esta referencia, el descontento popular se manifestaba con grandes protestas. En un fragmento de la obra Granada la Bella, que Ángel Ganivet escribió en 1896, hallamos noticia de este hecho: “En lo antiguo, el pan era caro en pasando de ocho cuartos la hogaza mejor o peor pesada; se sufría refunfuñando a los nueve y diez cuartos; se insultaba al panadero al llegar a los 11 o 12, y en subiendo de ese punto, venía la revolución”.

La expresión “ni que ocho cuartos”, apareció en este ambiente, con mucha probabilidad en la primera mitad del Siglo XVIII, por supuesto, en tierras españolas. La documentación más antigua conocida está en los diálogos de un entremés llamado La Avaricia Castigada, escrito en 1761 por Ramón de la Cruz. De ahí estas líneas: “¿Ayala, amigo? – Qué amigo, qué Ayala, ni qué ocho cuartos. Ya es otro tiempo, señores. ¡Que hasta aquí me han atisbado!”.

Soy de la opinión de que la expresión “ni que ocho cuartos”, como hoy la usamos, tiene origen en una antigua fórmula coloquial para enfatizar un desacuerdo o desprecio por algo, que quizá primero fue “que (asunto) ni qué nada”, donde ese nada lleva una carga de menosprecio.

Al paso del tiempo, el “nada” se ha substituido por otras palabras o expresiones que hacen referencia a objetos desdeñados. En textos de diferentes épocas encontramos “que (asunto) ni qué calabazas”, “que (asunto) ni qué embeleco (cosa inútil)”, “que (asunto) ni qué haca (caballo de poca talla)”, “que (asunto) ni qué demonios”, “que (asunto) ni qué tus narices”, “que (asunto) ni qué niño muerto” y así, de esta familia sería el “que (asunto) ni qué ocho cuartos”, que hace referencia a la moneda de ocho cuartos, en tiempos en que, por su bajo valor adquisitivo, era tan despreciable como el demonio, un embeleco, una haca o unas mocosas narices.


OpenA