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Miasma Por: Moisés Lopéz Cantú SystemáticaMiércoles, 27 de Enero de 2021 00:00 a.m.

"Era allí donde se generaban los miasmas que apestaban los corazones"

No deja de sorprender el ingenio y la creatividad que, con extraordinaria rapidez, brota en las redes sociales. Cierto, puede ser cruel y despiadada, incluso inhumana, pero no deja de asombrar la riqueza creativa que cae, voluntaria o involuntariamente, sobre la "víctima" o sobre el suceso que la motiva.

El comentario viene a cuento por el aluvión de memes y posts, en todas las redes sociales y en todos los medios de comunicación, que surgieron a partir del anuncio de que nuestro Presidente se contagió de Covid..., parece interminable y con vida propia, por momentos hilarante y por momentos deprimente.

Pero también sorprende la virulencia y polarización de defensores y detractores, unos casi lo santifican, o cuando menos lo ponen en un pedestal, y otros lo condenan y lo hacen depositario de todos los "karmas" malditos que, creen ellos, merece sufrir. El suceso, desde los opuestos y dependiendo del desenlace, se convirtió (convertirá) en un "toque de gracia" o en una "condena infernal". 

No deja de sorprender, al menos no a mí, la rabia y dolor que alienta las críticas ("que sufra lo que otros han sufrido") y la aquiescencia sin límites (aprobación, venia, consentimiento, beneplácito) de quienes apoyan al Presidente. En mi opinión ambos desorbitados, fuera de orden y proporción. 

¿Por qué vivimos esté fenómeno? Perversión de la política, producto del encono de unos y otros y del ejercicio de la confrontación como una manera de hacer política..., nada bueno puede resultar de esa visión, de esos reales o inventados conflictos.

¿Alternativas? Si los políticos profesionales quieren ejercer la política por la vía de la denostación y el conflicto hay que dejarlos, en algún momento se agotarán o agotarán el objeto del deseo. 

Desde la sociedad civil hay alternativas y todas ellas pasan por dejar pasar esa manera de hacer política, no al conflicto, no a la polarización, no a la denostación. No hay negro y blanco, hay matices y procesos que tienen cosas buenas y malas, y todo lo social necesita tiempo para madurar, reinventarse, rehacerse, nada es para siempre.

Una alternativa siempre presente, radica en los procesos democráticos. A nivel local, en relación con las próximas elecciones, las opciones son evidentes: votamos por las opciones de siempre o por las opciones frescas, específicamente por los chicos de El Futuro Florece y los otros candidatos ajenos a los mecanismos de la política partidista.

La otra opción implica centrar nuestras demandas, incluso la ira y el enojo, en la evaluación de las políticas públicas, no en los individuos. 

En relación con la pandemia, tarde o temprano tendremos un mapa completo de lo que ha ocurrido y, en el mejor de los casos, una evaluación de lo que se hizo, lo que no se hizo y por qué no se hizo. La tragedia es demasiado grande para pasar en blanco o inadvertida, la muerte de tantos mexicanos (familia y amigos, todos con nombre y apellido) necesita explicación y expiación, pero no lapidación (ni física ni mediática, ni visceral). Tiene que haber un proceso en donde los actores relevantes rindan cuentas y asuman sus responsabilidades.

En algún momento, la pandemia dejará de serlo y se convertirá en una enfermedad endémica, manejable, mitigable y controlable. Pero si no ponemos freno a la ira y el enojo, a la ausencia de empatía y sensibilidad, estaremos condenados a sufrir los efluvios insalubres de esa miasma que descompone y enferma las almas y los corazones, a las familias y a los amigos, partidos y naciones. Y contra eso, no hay y no habrá ni vacuna ni tratamiento.

Para nuestro Presidente, por empatía o por razones de seguridad nacional y Estado, los mejores deseos: salud y larga vida. Para el resto, cuidados y abrazos mil, que Dios nos de salud y larga vida, tanta que un día podamos ver el balance de la actuación de nuestros gobiernos durante la pandemia.

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