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México: siempre a tú ladoPor: Ramón de la Peña Manrique Mis reflexionesViernes, 22 de Enero de 2021 02:00 a.m.

Hace tiempo les comentaba haber recibido una voz de reclamo de mi asesor de Santa Catarina: “usted ha estado escribiendo muchas veces sobre el gran problema que tenemos en México, si el de la ilegalidad, impunidad y corrupción, ya ahora podemos añadir el de la pandemia que estamos viviendo, y recuerdo –me dijo– que hace ya buen tiempo escribió usted un mensaje en el que resaltaba: México es el país en el que nos tocó nacer y vivir. Nuestra obligación es quererlo, cuidarlo y mejorarlo.

Pero recuerdo que alguien le dijo: México es demasiado grande para poder hacer algo por él. Después usted mencionó dos recomendaciones que me gustaron:

Primero, vean el futuro con esperanza, recuerden el futuro no se ha creado aún, el futuro lo podemos crear con nuestros sueños, ideas, proyectos y sobre todo con nuestras acciones. El pasar del dicho al hecho es muy importante para lograr lo que se quiere. Y segundo, busquemos paradigmas mexicanos positivos –modelos a seguir–  y aprendamos de ellos”.

Pero también recordé en ese mensaje una excelente lección que recibió de José, un mexicano residente en San Antonio Texas, usted comentó que la había recibido junto con un grupo que querían hacer promoción de nuestro estado en San Antonio a  empresarios, educadores y funcionarios públicos invitados por la Cámara México-Norteamericana de comercio. 

Después de revisar la agenda que llevarían a cabo en San Antonio con José, pasaron a platicar de varias cosas y, claro, rápidamente pasaron a hablar de todo lo que sentían que estaba mal en México. Así continuaron hasta que José les dio una excelente lección: “por favor señores, si siguen hablando así de México nadie querrá hacer negocios con ustedes. Y para terminar su lección, les dijo: parece que ustedes no quieren a su país”. 

En ese mismo mensaje comenté una reunión esperanzadora a la que asistí, el que nos habló fue el doctor Canseco, de la cual aprendí que el mundo se puede cambiar, pero para hacerlo necesitamos un sueño y un rumbo claro para guiar el cambio, que lo que no hagamos nosotros nadie lo hará; efectivamente, la diferencia y la fuerza impulsora está en nosotros, en nuestra tenacidad, compromiso, cariño y orgullo por lo que se hace. 

Este consejo me recordó otra historia, otra fábula, la de la estrella de mar. De acuerdo a esta historia, un escritor tenía una pequeña casa cerca del mar, en la cual pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para su libro. Una mañana mientras paseaba a orillas del mar observó a lo lejos una persona que hacía movimientos extraños, se agachaba, tomaba algo del suelo y lo regresaba al mar, y esto lo hacía una y otra vez. Al acercarse vio que era un muchacho que tomaba una estrella de mar que estaba en la playa y la regresaba al mar. 

Intrigado, el hombre le preguntó al joven que estaba haciendo. A lo cual él contestó “estoy lanzando estas estrellas de nuevo al mar, como ves la marea ha bajado mucho y estas estrellas han quedado en la playa y si no las regreso al mar  muchas morirán”.

“Entiendo –le dice el escritor– pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa, tú no puedes regresar todas estas estrellas al mar, probablemente esto sucede en varias playas además de esta, ¿no estás haciendo algo que no tiene sentido? 

El joven sonrió y miró fijamente al escritor, se inclinó y tomó una estrella de mar de la arena, la lanzó de vuelta al mar y exclamó “para ésta... sí tiene sentido”. 

El escritor se marchó meditando en lo que había visto, la actitud del muchacho lo impactó de tal manera que al día siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar más estrellas de mar. 

Esto es lo que cada uno de nosotros necesitamos hacer para, en conjunto, salvar a nuestro país. 

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