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Mexicanos invisibles Por: Plácido Garza IrreverenteMartes, 12 de Mayo de 2020 00:00 a.m.

1.- Tienen talento de sobra pero no tienen dinero para ir a una escuela de calidad y cuando la pública del pueblo más cercano a la ranchería donde viven les abrió sus puertas, amontonaron a todos los de 7 hasta los de 13 años en un solo salón y resultó que el maestro rural llegaba a lomo de mula a veces y otras a pie, y era tan cansado el viaje que se quedaba dormido a la mitad de la clase.

Les platico: Son los mexicanos olvidados por el gobierno, pero no nada más el de éste sexenio, sino los de todos los que México ha padecido desde que se acabó la revolución y desde antes, cuando los caciques y terratenientes amafiados con el presidente y los gobernadores, le clavaban el diente a la gente... como lo siguen haciendo todavía, eso sí, más disfrazada ahora la cosa, pero así siguen.

Crecieron los de la comunidad y también sus talentos, pero la marchitada que se dieron por fuera, también ocurrió por dentro, pues sus habilidades natas para lo más que sirvieron fue para acabar la talacha del campo más pronto y bien que los "menos buenos de la mente", como les dicen los viejos del rancho a los mensos, tarugos y pen... itentes.

El hacendado de la comarca que tiene más tierras que la Tierra, mandó a sus hijos a educarse en las escuelas de la ciudad, las más caras, y algunos hasta los mandaron a las de Estados Unidos y se supo que así fue porque la mayoría de ellos ya ni regresó al terruño. Es que, a quién le estorba y viene mal la buena vida, se decía y se sigue diciendo de ellos en el pueblo.

Pero uno que otro sí volvió y cuando fueron metidos a las tiendas del patrón para que ayudaran, resultó que ni con dos calculadoras hacían tan bien y rápido las cuentas, que sí les salían a la primera a los de "cabeza buena" del pueblo, que no tuvieron más remedio que ocupar esas virtudes en el azadón, el arado y las talachas, porque en vez de seguirle en las escuelas, tuvieron qué ayudar en su casa.

Son los mexicanos invisibles para el gobierno; igual o mucho más pobres que los que se juntan en las esquinas todos los días y a todas horas, sin oficio ni beneficio, porque en vez de meterse a estudiar se metieron en la cizaña de los malos pasos, que dejan lana rápido para comer, tomar y un mundanal de cosas por el estilo.

Los invisibles de las cuentas rápidas sin calculadora no reciben ni un peso del gobierno porque los censos y las listas del "bienestar republicano" de la 4T ni siquiera saben que existen. Son invisibles.

Los comisarios ejidales ya se cansaron de hacer fila en las oficinas levantadas por los del gobierno, tratando de que tomen en cuenta a su gente del ejido, pero los enviados de la 4T prefieren el trabajo fácil y buscan a los líderes políticos del pueblo, que les pasan listas sin verificar de gente a beneficiar por esas dádivas.

La vez que el presidente anduvo por ahí, los líderes junto con el alcalde llenaron de acarrados el lugar donde se presentó y aunque algunos de los llamados rijosos se colaron y "vociferaron", los mandaron hasta las filas de atrás y los apaciguaron con poderosas razones: las macanas de los gendarmes.

2.- Se hicieron viejos sus papás y uno de ellos de un infarto se murió. Los hijos "heredaron" la bronca del terreno que los influyentes les quitaron.

Han pasado ya tres años y el pleito sigue atascado en los juzgados. En el predio que era de ellos, los "amigos del gobierno" construyeron ya departamentos y oficinas.

De nada sirvió tener en regla las escrituras. Pudo y ha podido más el influyentismo de los que su patrimonio les quitaron.

Con el nuevo gobierno llegó también la esperanza; votaron por López Obrador porque creyeron que con él las cosas ahora sí iban a cambiar, pero muy a su pesar se han dado cuenta que la corrupción en los juzgados sigue igual o peor.

Pensaron que era cuestión de tiempo para que las cosas al nuevo gobierno se le dieran, pero en vez de ir para adelante, van para atrás, porque si hace tres años el juez les pedían un millón para arreglarles su problema, el que entró en enero del 2019 ahora les pide dos.

Para la 4T, son mexicanos invisibles, como lo fueron con Peña Nieto. 

3.- Vociferan un día sí y el otro también contra lo que consideran yerros de López Obrador y de su equipo.

Lo critican desde el anonimato de las redes sociales, porque aunque ponen nombres y apellidos, los inventan para evitar que den con ellos.

De pronto un aventado les pide que firmen una carta pública de protesta para enviarla al Palacio Nacional y se valen de mil pretextos para no hacerlo. Se esconden. Se refugian en el calabozo de su vida privada y de sus respectivas zonas de confort. 

Ellos son otro tipo de mexicanos invisibles.

4.- En los foros patronales sueltan de su ronco pecho que ya es hora de que los empresarios intervengan en la cosa pública. Le siguen sacando a participar en política, pero al menos ya hablan de convertir a la IP en Iniciativa Pública, no Privada.

Y muchos que les oyeron se la creen. Pero apenas vuelven a sus corporativos y sienten bajo sus pies las abullonadas alfombras de sus oficinas o el delicioso sonido al deslizarse sobre los pisos de madera añejada de sus casotas, prefieren que sean otros los que den la cara. Es más, les piden a otros que den la cara. 

A lo mejor es porque creen que tienen mucho qué perder y son otros menos recompensados por la vida los que deben ponerle pecho a las balas. 

Y mientras piensan esto, se sientan a la mesa ricamente adornada y piden a su mayordomo el segundo escocés Glenlivet de una sola malta. Ellos son otro tipo de mexicanos invisibles.

CAJÓN DE SASTRE

"Y hay más, porque éstos son nomás algunos. Salud", dice la irreverente de mi Gaby.

placido.garza@gmail.com

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