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Clima
Memorias de la pandemia Por: Moisés Lopéz Cantú SystemáticaMiércoles, 16 de Septiembre de 2020 02:00 a.m.
Hace ya muchos años tuvimos que encerrarnos por seis, siete, ocho meses... ya no lo recuerdo. En esa eternidad el mundo se rompió, literalmente se vació y algunos países cerraron –lockdown dijeron– totalmente una, dos y, parcialmente, hasta tres o más veces.

Pero del antiquísimo recuerdo señalaré solo tres cosas: el manejo gubernamental, la resiliencia de los viejos y niños y la inusitada capacidad que mostraron muchos para resolver conflictos.

¿Manejaron correctamente la pandemia nuestros gobiernos? Creo que no. Aún en la perspectiva más positiva necesitaríamos un extraordinario (transparente, sólido, científico, construido colectivamente y sin injerencia políticas) análisis contrafactual. Pero lo que sí, indiscutiblemente, la pandemia fue la tragedia natural más grande de la historia de México. También quedo claro el desdeñoso y grosero actuar en medios de los máximos responsables de la pandemia en el ámbito nacional: como anillo al dedo nos dijeron y nunca sabremos cuantas muertes nos costó su desdén y egoísta perspectiva.

Niños y viejos nos dieron una lección de resiliencia y capacidad de adaptación, nunca tantos estuvieron sujetos a tantas, tan nuevas y tan absurdas restricciones.

Mis viejos, con poco más de 80 años por esa época, esperaron por muchos meses, con ansiedad, el momento de recibir y abrazar a hijos y nietos, a propios y extraños. Luego, poco a poco, retomaron su vida social, aprendían y enseñaban y siempre recordaré su capacidad de estar en paz con Dios y con la vida, de alegrarse aún en los tiempos más duros y difíciles.

Por último ¿inusitada capacidad para resolver conflictos? Sí, miles y tal vez millones de conflictos de todo tipo se resolvieron entre las partes. Sí, por supuesto que la pandemia dejó damnificados, de hecho, el común denominador global fue ese horrible sentimiento de pérdida. Pero también es cierto que muchos bancos y clientes llegaron a acuerdos, arrendadores y arrendatarios compartieron pérdidas, empleadores y empleados encontraron la forma de mantener las fuentes de trabajo y muchos, entre los cuales me incluyo, encontraron la forma de celebrar la vida en momentos de gran incertidumbre o dolor.

Por esos días uno de mis hijos se casaría y como es normal se planearon y contrataron servicios con más de un año de anticipación (MARVER se llamaba el proveedor), pero ¿cómo celebrar algo tan familiar e íntimo sin nuestros viejos, sin niños y sin poder abrazarse, besarse, reír y gritar? Y, maldita realidad, dineros de por medio ¿las opciones?: la pérdida, la demanda, el pleito y el acuerdo. Y si, inopinadamente y de una forma muy civilizada llegamos al mismo acuerdo que miles y miles, en sus propios ámbitos alcanzaron: compartir pérdidas, seguir adelante y celebrar la vida.

Eduardo

¿Qué fue lo más doloroso de la pandemia? La muerte de familia, amigos y aún de desconocidos. Entre ellos se fue el querido Eduardo.

Mi amigo era, cómo yo, de la generación de las crisis (nacidos en los 60 del siglo pasado), tal vez por eso estaba lleno de un humor sarcástico, pero fino. Llego tarde a la fiesta de los millennials pero se movía bien entre ellos, de hecho se "confundía" y mimetizaba tan bien que hasta logró que lo confundieran con "arquitecto o urbanista" y "fundador" de La Banqueta se Respeta.

Donde quiera que esté, seguro ríe a carcajadas de esta "confusión" y del shock que nos produjo a todos con su partida. Lo imagino observando, curioso y divertido, escuchando términos como "legado" y "recuerdo" y si pudiera nos diría, sin enojo ni asomo de conflicto, pero sí con humor y un dejo de incredulidad: no lo digas, no me lo cuentes, hazlo.

Querido Eduardo –arquitecto, urbanista y millennial por derecho propio– tu recuerdo y la banqueta, se respetan.

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