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¡Me fue como en feria!Domingo, 13 de Octubre de 2013 04:08 a.m.
¡Me fue como en feria!, así solemos exclamar cuando hemos sido cubiertos por el velo del infortunio, o sea, cuando nos va “de la patada”. Pero, ¿qué tiene qué ver la feria con nuestras desventuras?... la repuesta se esconde en la historia de la palabra:

Del antiguo vocablo *dhés (digamos ´fes´), que encerraba conceptos religiosos, en latín se derivó la voz festus para nombrar a los días y eventos dedicados a las deidades romanas. Al paso del tiempo, los festus se convirtieron en fiestas o festivales y hoy… somos tan fiesteros que, para hacer fiestas, ya no necesitamos a los dioses.

Para referirse a los días sagrados, de la misma raíz en latín surgieron las variantes festum,  fesiatum y luego feriatu. Así descubrimos que, en su origen, una fiesta y una feria eran lo mismo. Pero, pasaron los años y cada palabra fue tomando su propio derrotero.

Siendo la feria una fiesta de carácter religioso a la que asistían las muchedumbres, era también un escenario propicio para hacer negocios… ya sea vendiendo comida, artesanías, ropa, diversión, animales y todo lo que se pudiera, aprovechando la gran cantidad de potenciales compradores. Pasó a ser así la feria, un evento masivo de diversión y compra-venta en la que, unos ganaban y muchos perdían. Por eso la frase “cada quien habla de la feria según le fue”; y seguramente “me fue como en feria”, guarda la voz de los infortunados que perdían hasta la camisa.

Otras huellas de las circunstancias que se vivían en las ferias, se han marcado en el lenguaje como refranes. Algunos de ellos: “bestia buena, se vende sin ir a la feria”, “a la feria van muchos a ver y no a comprar”, “llevaste a la feria al pollino y se murió en el camino”, “potros que de feria en feria van, cada día menos valdrán” y “no hay feria mala, lo que uno pierde otro lo gana”.

Por otro lado, con tantos antojos que hay en una feria, quien va procura llevar algo de dinero. De ahí quedó que, en México, al dinero para gastar en la feria, por la ley del mínimo esfuerzo, simplemente le dijimos ´feria´. Por eso hoy, cuando nos piden prestado o nos ofrecen algo que no queremos comprar decimos ´no tengo feria´´ o si pagamos con un billete grande, esperamos a que nos den la feria.

Hoy seguimos disfrutando de días feriados y les decimos también días festivos, como una reminiscencia de que ambas palabras tienen el mismo origen. Seguimos teniendo ferias ganaderas, ferias industriales, ferias tecnológicas; ¡ah!, y también ferias del libro. A propósito, ¿sabían que ya empezó la XXIII Feria del Libro en Monterrey? Está instalada en Cintermex, la entrada es gratuita y estará toda la semana. Vale la pena echarnos una vueltecita, pero hay que llevarse una feria para poder comprar los libros que nos gusten.

Por mi parte, ahí estaré, contando historias y revelando secretos de las palabras, están invitadísimos… será el domingo 20 de octubre a las 7:15 p.m. en la Sala D; ahí presentaré mi nuevo libro “De dónde viene: El lado oscuro de las palabras”, que me publicó Editorial Algarabía y del que tengo muy buenas expectativas… ojalá que en este caso, no me vaya como en feria.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:
Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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