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`Mascota´ y su mágica historiaDomingo, 24 de Mayo de 2015 01:04 a.m.
¿Quién en algún momento de su vida no ha querido tener una mascota? Aunque perros y gatos son los más solicitados, en gustos se rompen géneros y también hay preferencias por pericos, peces, serpientes, tarántulas y toda suerte de bichos. Es tan usual la palabra mascota, que sorprende saber que apenas se incorporó al diccionario en la edición de 1970, y esto… despierta la promesa de una historia interesante.

De tiempos ancestrales, en tierras germánicas encontramos la palabra masca con el sentido de `hechicera, bruja´. La palabra fue adoptada por los romanos y también se usó en latín con el mismo significado. Ya sea por esta lengua o directamente del germánico, esta voz llegó al francés y dio lugar a la palabra mascot `bruja´ y luego a su diminutivo femenino mascotte que vendría a significar `brujita´.

Nació el mito de que ciertas muchachas, tenían la virtud de dar buena suerte a quien tenía el dominio sobre ellas, podía tratarse de una esclava o de una sirvienta. A estos amuletos humanos los llamaron mascotas porque, ¿cómo explicar esa magia de dar fortuna?, tenía que ser cosa de brujería. Pero ¡ay!, ese afán de sostener los mitos… cuando no llegaba la suerte esperada, la explicación era que la mascota había perdido su virginidad y con eso el apreciado don.

De esta circunstancia, en el año 1871, Henri Chivot y Alfred Duru publicaron en Francia La Mascotte, historia en la que una campesina llamada Bettina tenía el atributo de ser amuleto. La trama se desarrolla con los apuros de los personajes para que la muchacha pudiera mantener su virginidad y así seguir disfrutando de la buena suerte que les traía.

En el año 1880, Edmond Audran tomó la historia de Chivot y Duru, le puso música y así nació la opereta La Mascotte. La buena música y el buen libreto de la obra, la mantuvieron en cartelera por muchos años y su auge se extendió a tierras españolas y otras ciudades del mundo, incluso se hizo una traducción al inglés que se presentó con gran éxito en Nueva York.

La popularidad de esta opereta fue la causa de que la palabra mascot se incorporara a la lengua inglesa y también al castellano como mascota, al principio con el mismo significado francés. Todavía hoy, en el diccionario de la Real Academia Española, la primera acepción de esta voz es: Persona, animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte.

Con el tiempo, por su asociación con la magia brujeril, la voz mascota pasó a nombrar a cualquier persona, animal o cosa a la que se le concedía el atributo de  proporcionar buena suerte.

Fue en la lengua española en la que esta palabra sufrió una mutación semántica. Por la antigua creencia de que algunos animales proporcionaban buena fortuna, muy pronto la palabra mascota se asoció con los que servían de compañía en casa. En la primera mitad del siglo XX, ese mito de que los animales son amuletos se fue diluyendo y hoy, al comprar una mascota, ya nadie piensa que por eso podrá sacarse la lotería o tal vez sí, porque para muchos contar con una mascota es tan afortunado como sacarse el premio mayor.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN: Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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