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Los secretos de las palabras en El HorizonteDomingo, 22 de Septiembre de 2013 02:02 a.m.
¡Ah, ya me cayó el veinte!, así solemos exclamar los mexicanos cuando por ?n logramos entender algo. Para quienes ya no somos tan jóvenes, no nos resulta difícil deducir que ese veinte que “nos cae”, es aquella entrañable moneda de veinte centavos que tuvo larga vida, desde 1943 a 1974, y que en la infancia formaba nuestro capital diario, su?ciente para comprarnos golosinas, las barajitas del álbum que estaba de moda o cualquier antojo de los de antes, que no necesitaban de mayor caudal.

A los jóvenes que no conocieron “el veinte”, les cuento que también con esta moneda podíamos hacer una llamada en los teléfonos públicos de aquellos años, y cuando se lograba la comunicación, la moneda caía en el recipiente del teléfono y entonces se decía: “ya cayó el veinte ”. Si por el contrario, la comunicación no se lograba, con desencanto decíamos: “no cayó el veinte”. De esta circunstancia, los mexicanos hicimos metáfora y ahora, cuando llega ese momento en que por ?n se nos “prende el foco” y logramos entender algo, con entusiasmo decimos: ¡Ya me cayó el veinte!

Pero, esta historia no estaba destinada a ser tan breve, lo supe al descubrir que, no somos los mexicanos los únicos a quienes una moneda hace clic  en el cerebro. Fue sorpresivo saber que en Inglaterra, en el momento en que algo se comprende, suelen decir: “the penny has dropped” (el penique ha caído). La expresión surgió por comparación con las viejas máquinas de ranura de la época victoriana, donde un juego funcionaría sólo cuando el penique (antigua moneda inglesa) cayera. ¡Igual que nuestro veinte!

También en Alemania dicen:  “Jetzt ist bei mir der groschen gefallen!”,  que puede traducirse como  “me cayó el groschen”;  donde groschen es una vieja moneda alemana para activar máquinas de ranura. ¡Y sí! Se usa para decir “ya entendí”.  ¡Otra vez nuestro veinte!, ahora en tierras teutonas.

Por si fuera poco, en hebreo existe la expresión  “Nafal Ha-asimón”  (cayó el asimón ). Y qué creen… tal vez ya lo adivinaron, el  “asimón”  era la moneda que en Israel ¡caía en los teléfonos públicos cuando se hacía una llamada!, y ?gurativamente, la expresión signi?ca “ya se entendió”.

Visto lo anterior, ya no me extrañó saber que en Rumania dicen “mi-a picat ?sa” (me cayó la ?cha); en Argentina “me cayó la ?cha”; en Venezuela “me cayó la locha” y en Brasil “caiu a ?cha”.

En todos los casos, hay una moneda que cae a un teléfono público o a una máquina de ranura, y siempre signi?cando ese momento en que por ?n se logra entender algo. ¡Caray!, no cabe duda… ¡qué difícil es ser original!

Así que ya ves, estimado lector, las palabras parecen planas, en el papel muestran un largo y un ancho, pero en una dimensión que no se ve, ocultan deliciosas historias esperando a ser contadas; de esta materia estará hecha esta columna que hoy se asoma por primera vez en El Horizonte y que tiene la pretensión de que, tras cada secreto develado, juntos exclamemos: ¡Ya me cayó el veinte!

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:
Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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