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Los nombres de la muerteDomingo, 3 de Noviembre de 2013 02:46 a.m.
La tilica, la huesuda, la calaca, la catrina, la pelona y un largo etcétera son los nombres que le damos a la muerte, ese personaje que hemos creado para que el natural acto de morir tenga un cuerpo y una cara. Pareciera que eso da esperanza de obtener su compasión o permitirnos, mediante un desplante de astucia, engañarla y así  evadir el inevitable encuentro.

Nada mejor que un esqueleto para darle cuerpo a la muerte, después de todo es lo último que desaparece de un cadáver. De esta personificación ha quedado que, por obvias razones, la llamemos ´la huesuda´, y por enclenque, también ´la tilica´, nombre que parece proceder del náhuatl ´tilinqui´  que encierra el concepto de ´estirado, tenso, tieso´.

Por la ausencia de pelo, la muerte es la pelona; también la calavera y la calaca, del latín calvaria, que significaba ´la que está calva´. De esta palabra surgió también ´calvario´, voz con la que nos referimos a un gran sufrimiento; y es que hacemos una comparación  con el suplicio que sufrió Jesús en el Monte Calvario, en donde fue crucificado. Se llamó así a ese monte por su forma que recordaba a una calavera.

La muerte también es la parca, nombre con origen en la mitología romana. Según sus creencias, las paracas eran tres hermanas que definían el destino de los hombres. Entre los griegos eran conocidas como las moiras y sus nombres eran: Cloto, que preparaba los hilos de la vida y los pasaba a Laquesis, que movía el artilugio en el que se tejía el destino de los hombres; pero Atropos, la más vieja y medio cegatona, era quien a su antojo se divertía cortando el hilo de la vida de los mortales.

La voz ´catrina´, se acuñó en México a principios del siglo XIX para referirse a quienes vestían con elegancia. Se cuenta que en aquella época, mientras en las clases populares abundaban las Marías y las Choles, en la alta sociedad afrancesada se puso de moda el nombre Catarine, y de ahí, con ironía llamaron ´catrinas´ a las damas que, aunque de origen humilde, se preocupaban por vestir con elegancia para rosarse con las clases privilegiadas. El mote ´catrín, pasaría después a los caballeros con las mismas pretensiones.

En plena época porfirista, de la pluma de José Guadalupe Posadas surgió la caricatura de un esqueleto femenino ataviado con un despampanante sombrero. A esta imagen de la muerte, Posadas la llamó  “la calavera garbancera”, una sátira contra las indígenas que pretendían ser como las españolas elegantes. Lo de garbancera era porque así decían a quien, renegando de su origen, cambiaba el maíz por los garbanzos.  Al parecer, fue Diego Rivera quien años después, al incluir a la elegante calavera de Posadas en uno de sus murales, la llamó la catrina, con tal éxito que hizo olvidar el mote de ´garbancera´ y hoy, la catrina es el nombre preferido por los mexicanos para la muerte.

Tal parece que ese nuestro afán de jugar con la imagen y el nombre de la muerte, es para adormecer nuestra angustia por no saber lo que nos espera cuando llegue ese encuentro que sabemos inevitable. Aunque está el punto de vista de Epicuro, que nos invita a no preocuparnos cuando nos dice que, después de todo: “No hay un encuentro con la muerte, porque cuando nosotros somos, la muerte no es y cuando la muerte es… nosotros ya no somos”.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:     Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y   conductor   de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las   palabras para   luego ir con el chisme.
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