icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Lo mejor y lo peor de nosotros Por: Yanill Brancaccio Olmos La JirafaMiércoles, 25 de Marzo de 2020 00:35 a.m.

Estas semanas de aislamiento (y las que vienen –al menos dos más–) nos han mostrado lo que antropológicamente ya sabíamos: que el hombre es capaz de las acciones más sublimes y las más ruines.

Como sublime podemos encontrar la solidaridad del mundo cuando pone –como debe de ser– la ciencia al servicio del hombre y no al revés. Otro dato que conmueve (al menos a esta Jirafa) es la preocupación real por seguir viviendo, a pesar del aislamiento, esa premisa aristotélica del zoon politikon (animal político) al intentar ver de manera distinta a aquellos con los que convivimos: el experto en fitness que desde su azotea daba instrucciones para evitar el aturdimiento físico; la cantante de "belle canto" recitando desde su balcón para evitar el aturdimiento intelectual; el policía que, desde su patrulla, animaba a los niños a hacer una rutina musical para evitar el aturdimiento de los padres.

Pero también nos topamos con la mezquindad humana cuando vemos las aglomeraciones "valemadristas" en los conciertos masivos. Los amontonamientos proselitistas en la campaña presidencial, perdón, en las visitas presidenciales a las diferentes comunidades de México. O, peor aun, cuando nos encontramos con la insensible y utilitaria visión de algunas empresas por buscar su supervivencia a costa del capital más importante que tienen: sus empleados. Nos topamos, pues, con esa afirmación muy dramática, pero real, en la que el egoísmo nos hace ser, a decir de Hobbes, el "homo lupus homo" (el hombre el lobo del hombre) donde llenar mi despensa es mucho más importante que tener la delicadeza de pensar que el otro puede necesitar aquello que llevo de más. El "gandallismo", pues, a todo lo que da.

Estas circunstancias sacan lo mejor de la humanidad. Y sacan lo peor de ella misma. Y si no sucede algo distinto después de esta "larga noche", no habremos entendido nada. Si al terminar este proceso de aislamiento no hemos cambiado el modo de ver al otro (como igual a mí) entonces hemos perdido el tiempo. Si el día de mañana salimos a la calle y no nos preocupamos un poco más por el prójimo (nuestro próximo, ese que está junto de mí) y lo veo con indiferencia, definitivamente –como dijo alguna vez algún santo– "ni aunque baje el ángel mensajero y te lo escriba en letras de oro", habremos entendido.

Esta Jirafa está cansada de la inoperancia de los políticos, de la exageración de algunos medios de comunicación, de la pasividad de las autoridades, del absurdo repetir (de aquellos que nos deben de cuidar) que no pasa nada, que es mero chisme y que sólo es un complot para desprestigiar a no sé qué individuos, mafias o cosa similar.

Pero, por otro lado, esta Jirafa está sorprendida por las múltiples –millones– manifestaciones de solidaridad y empatía ante una crisis verdadera que a todos nos sorprendió y que a muchos nos permitió descubrir que es posible entretenerse con lo simple, con lo ordinario.... Pues ahí podemos encontrar, ahora seguimos a Kant, lo sublime.

Esta Jirafa retórica seguirá atenta. 

OpenA