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Lo dicho Por: Luis Sampayo Luis SampayoLunes, 9 de Noviembre de 2020 02:00 a.m.

Como confirmando lo que aquí comentamos hace en par de semanas en nuestra columna titulada "Nada está escrito",  y tras los resultados preliminares dados a conocer el pasado sábado y que dan como virtual triunfador y futuro presidente de los Estados Unidos de América al candidato demócrata Joe Biden, lo único que realmente se puede asegurar es lo dicho: en el panorama político nada, absolutamente nada, está escrito.

Y es que luego del extraño proceso de conteo de votos que en su fase inicial y de forma preliminar le daba un triunfo aplastante al "güero" copetón republicano y ejemplo del "Sueño Americano" sobre su demócrata contrincante, éste –emulando aquella frase que dice "caballo que alcanza, gana"– literalmente dejó a su oponente en la carrera, como el "Caballo Blanco" de José Alfredo; es decir, con el hocico sangrando.

Pero por qué el elector norteamericano ha cambiado su opinión para el manejo en la política de su país en tan corto tiempo y ha decidido por una opción más mesurada y apacible comparada con aquel aparentemente ahora derrotado, que hizo de las amenazas a las "trumpadas", un peculiar estilo que se amalgamaba a la perfección al ansiado sueño americano, es que el propio pueblo y los políticos han moldeado como objetivo idóneo de su prosperidad.

Cierto es que ofrecerle la paternal protección al elector al decirle lo que su natural autoestima y necesidad requiere escuchar en medio de una inagotable nube de promesas de libertad, justicia y bienestar (Remember "Bronco", AMLO y otros) fueron los elementos que en su tiempo le obsequiaron al promotor del muro fronterizo el triunfo que lo posicionó para habitar la Casa Blanca.

Sin embargo, a pesar de mostrar cierta estabilidad inicial en el manejo de la economía, el desencanto contra la política de la perorata, el tuitazo y la agresión más barata y sin mañaneras de por medio, se dio quizás como consecuencia de esos turbios manejos del "businnes men" cuando advirtieron que Huawei suponía una amenaza para la seguridad nacional por sus supuestos lazos con el gobierno chino y sus servicios de seguridad, encarcelando a la directora financiera del gigante electrónico, Wanzhou Meng, hija del fundador de la empresa.

Y aunque no se puede asegurar a pesar de que la consecución de los hechos así lo insinúan, un año después de aquella aparente y arbitraria detención, surge supuestamente desde un mercado de pescados y mariscos de la ciudad de Wuhan, casualmente China, y de forma accidental el coronavirus. 

Ese mismo que sin un solo disparo de arma de fuego, tanque o bomba y evidentemente sin un gobierno declarado detrás, ha matado a casi un cuarto de millón de ciudadanos estadounidenses mientras que su presidente copetón desdeñó desde el principio problema para darle prioridad a su campaña de reelección.

Así pues, el pueblo norteamericano, aunque no del todo entregado en mayoría, con esta nueva decisión está dando un bandazo en el cambio de la dirección de esa política hasta ahora, agresiva, intimidatoria, confrontativa, grotesca y autoritaria por una más apacible, progresista, conciliadora, que permita construir relaciones positivas con el mundo y no destructivas entre los gobiernos.

Sin duda alguna que este momento histórico para Estados Unidos es un gran ejemplo para los actuales gobiernos y gobernantes de nuestro México lindo y querido, quienes tan pronto como el año que entra, si superan el coronavirus, pasaran por el escrutinio de las urnas electorales para tratar de colocarse en los cargos públicos en un proceso donde se puede asegurar lo dicho: en el panorama político nada, absolutamente nada, está escrito.

Por hoy es todo amable lector, medite lo que le platico. Esperando que el de hoy sea un gran y productivo inicio de semana, nos leemos aquí mismo el próximo lunes.

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