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Limosnero, ¿es el que pide o el que da?Domingo, 4 de Octubre de 2015 02:34 a.m.
Hay palabras que tienen el mismo significado, como pelo y cabello, a éstas las llamamos sinónimas. Hay otras que tienen significados opuestos, como alto y bajo, les decimos antónimas. Pero, no hay nombre para esas palabras que, en sí mismas, guardan significados opuestos, así que, con su permiso, yo las he bautizado como autoantónimas. Vamos a ver cuántas de esta clase encontramos.

Cuando dices: “yo huelo feo”, esto puede interpretarse de dos maneras opuestas: El fétido olor puede emanar de  ti para incomodidad de los que te rodean, o bien, puede surgir de otro lado y ser tú quien lo percibe.

Lo mismo ocurre con los verbos rentar, alquilar y arrendar. Si tú rentas una casa, arriendas un auto o alquilas una lancha; no se sabe si los objetos son de tu propiedad y los pones a disposición de alguien más a cambio de una módica suma, o bien, tú pagas la módica suma para que el dueño los ponga a tu disposición.

Hurgando en el diccionario, podemos encontrar más autoantónimos. Uno que sorprende es la palabra huésped, que significa ‘‘el que se hospeda’’, pero  con sorpresa, encontramos que también se define como  ‘‘el que hospeda’’. No es mi invención, esto puede consultarse en el diccionario, donde por cierto, también sorprende que el femenino de huésped ¡sea huéspeda!, antes de saber, sin duda yo hubiera dicho “la huésped”.

Son nimiedades, decimos cuando queremos minimizar algún suceso;  y es apropiado porque nimiedad se define como ‘‘pequeñez, cosa sin importancia’’, pero al consultar el diccionario encontramos ¡que también puede significar lo contrario!: ‘‘cosa importante’’, de hecho, ese fue su significado original, viene del latín nimius ‘‘importante, grande, excesivo’’, pero por mal uso se le dio es sentido contrario y es el que más se ha extendido y a la Real Academia Española no le quedó más que aceptar las dos acepciones.

Otra palabra que ha sufrido igual destino es ‘‘limosnero’’, en su origen era el personaje caritativo que desinteresado daba limosna a los necesitados, sin embargo, luego la palabra fue usada para nombrar al que pide limosna. Un autoantónimo más porque el diccionario conserva ambas acepciones opuestas.

Uno más, es el verbo enervar, que en su origen significa ‘‘debilitar, relajar’’. Así, podemos encontrar expresiones como: ‘‘Aquí estoy, enervado (es decir, relajado), disfrutando de la música’’. Pero, por el influjo del francés, en el Siglo XIX esta palabra pasó a significar lo contrario, como cuando dices: ‘‘me enerva (es decir, me irrita) escuchar la verborrea de los políticos’’.

Tenemos también friolera, que puede significar ‘‘cosa de poca monta o poca importancia’’; pero además, podemos usarla para referirnos a ‘‘una gran cantidad, normalmente de dinero’’.

Habiendo aprendido del tema, ¿cómo les suena ahora esta expresión?: ‘‘Huelo feo, porque huelo feo’’. ¿Será acaso una redundancia?... lo dejamos para la reflexión.

Cerramos aquí este artículo, pero no el tema, porque seguro existirán más de esas palabras que tienen significados opuestos y que, a falta de un nombre, reafirmamos aquí la propuesta de que se llamen autoantónimas.
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