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Libertad de Palabra Por: Yanill Brancaccio Olmos La JirafaMartes, 30 de Junio de 2020 00:00 a.m.

Cultura, lo escuché alguna vez a un director general de una gran empresa, se puede definir como aquello que hacemos cuando nadie nos ve. Esas acciones conscientes o inconscientes que determinan el rumbo de un individuo, una sociedad, un país entero. También podemos definir cultura como las raíces, lo que diferencia, lo que enmarca desde el punto de vista del desarrollo de las artes a un individuo, una sociedad o a un país entero.

En los últimos años nos hemos topado con expresiones, fabulosas, como "me canso ganso", "tenemos otros datos" y, la más reciente, como "anillo al dedo". Todas ellas de un origen común (un funcionario público del gobierno federal mexicano) muestran, sí, el grado profundo de cultura (en ambos sentidos de las definiciones arriba dadas) que este personaje tiene y que invita (al pueblo, a la raza, al de a pie) a tener.

Ser culto no es moda, ni cool, ni se trata de un tema de unos cuantos. Ser culto es una necesidad. Para poder entender al intelectual, pero también poder entender a la raza, al de a pie. Pues la cultura genera aproximación, es proximidad con el otro. Empatía. Y si somos más exigentes con nosotros mismos, puede generar hasta simpatía. Esa que no se refiere al chistoso de la fiesta, sino aquella que nace de la compasión (no a la manera de lástima, sino como dice la raíz etimológica de ambas palabras –una griega y otra latina- sentir con el otro.

En este sentido, al decir cultura no estoy hablando de sabernos los orígenes arquitectónicos de las catedrales de tal o cual país. Tampoco estoy hablando de conocer con erudición a Picasso en su proceso creativo dentro del cubismo surrealista de las vanguardias artísticas de principios del siglo pasado. A lo que me refiero es más simple. Ser culto, en este nivel de entendimiento, es dialogar. Es saber usar la palabra, es conectar con el otro sea del nivel que sea, esté donde esté, y sepa lo que sepa.

En su momento, Octavio Paz habló de la palabra altisonante mexicana por excelencia: La chingada. Y lo hizo de manera majestuosa, culta, común y corriente... para los que son ciudadanos de a pie. Donde, palabras más palabras menos, nos enseñaba sobre la riqueza del lenguaje bien empleado, incluido cuando se usan maldiciones (groserías, pues).

Insisto con la idea, la cultura libera, la palabra culta libera más... fuera de clichés y fuera de intelectualismos inútiles. Ser culto –va de nuevo– es vernos en el otro e identificarnos con él... pues eso que nos une, nos diferencia como lo mexicano, lo latinoamericano, lo terrestre.

Pero tampoco caigamos en el exceso de lo vulgar, pues la tentación es grande. Caer en lo escrupuloso tampoco es opción (recordemos el debate que se tuvo alrededor de aquel grito en los partidos de futbol.... y que no creo que sea necesario repetir).

Ser culto, pues, es saber usar la palabra.

La pregunta que surge es: ¿si el Dr. López-Gattel, el Lic. López Obrador o la Dra. Sheinbaum han explotado el lenguaje sólo para sus fines o han logrado alinearlo a esto que hoy llamamos cultura?

Esta Jirafa lingüística-cultural seguirá atenta.

Twitter: @soy_ybo

Email: editoriales.de.la.jifafa@gmail.com

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