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Clima
Las tres carabelas… eran dosDomingo, 11 de Octubre de 2015 01:50 a.m.
Si te contaron la misma historia que a mí, habrá quedado en tu memoria que, aquel 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón y su tripulación llegaron a tierras americanas en tres carabelas. De sus nombres, ni hablar, los repetimos hasta la saciedad: La Niña, La Pinta y La Santa María.

En un pasado remoto, los helenos construyeron unas naves ligeras cuyos cascos recordaban la forma del escarabajo y por eso las llamaron karabos, nombre del coleóptero en lengua griega. Siglos después, los portugueses desarrollaron naves cuya geometría evocaba las antiguas karabos y por eso las llamaron carabelas. De este modelo fueron La Niña y La Pinta, pero ¡no la Santa María!, con 10 metros más de eslora (longitud de un barco), estos navíos eran llamados en argot marinero Nao o Carraca. Desde luego, la Santa María era la nave principal, en la que viajó el almirante. Así que ya ves, aquel histórico viaje en realidad se hizo en dos carabelas… y una carraca.

Otro mito muy difundido, es que antes se creía que la Tierra era plana y que fue Colón el iluminado descubridor de su redondez. La verdad es que, muchos años antes de la era cristiana, para los griegos ya era obvia la esfericidad del planeta. Es más, hasta sabían cuánto medía su circunferencia. Aún en la oscuridad de la Europa medieval, este conocimiento siguió vivo entre los eruditos de aquellos tiempos; y si a eso agregamos las evidencias de que, antes que Colón otros navegantes ya habían visitado este continente, ¡uf!... los hechos adquieren otro tono.

Más allá de estos detalles, lo cierto es que Colón emprendió un viaje con la esperanza de abrir una nueva ruta a Las Indias, lo que daría grandes beneficios a los patrocinadores ya que podrían acceder a las especias, maderas finas y otras mercancías de aquellos lares que entonces sólo conseguían a precios muy elevados con los turcos. Pero sucedió que Colón, “buscando a Juana, se encontró con Chana” y la historia cambió para siempre.

Aunque la historia oficial da a Colón el crédito de ser el descubridor de América, yo me pregunto: ¿quién es el que descubre, el que encuentra o el que primero tiene conciencia de lo que se encuentra?... En mi opinión, descubrir lleva la idea implícita de “dejar ver lo que antes estaba cubierto, revelar un conocimiento escondido” y eso no lo hizo Colón, él solamente llegó. En todo caso, el nuevo mundo se descubrió en el instante en que a Américo Vespucio le cayó el veinte de que pisaban un continente para ellos desconocido. Así debió pensar Martín Waldseemüller, el cartógrafo alemán que, en 1507 y en honor a su descubridor, al continente encontrado lo bautizó con el nombre de América.

De este encontronazo cultural muchas palabras nacieron, otras se vistieron de nuevos significados y algunas más adquirieron relevancia. Por la falsa creencia de Colón de haber llegado a tierras de la India, se usó el gentilicio indio para nombrar a los indígenas americanos y aunque pocos años después se supo que para llegar a tierras asiáticas aún había que brincar otro ´charquito´, hasta la fecha seguimos llamando indios a los descendientes de los pueblos prehispánicos.

Un error común es creer que las palabras ‘‘indio’’ e ‘‘indígena’’, tienen parentesco en su etimología porque se parecen, pero nada que ver. ‘‘Indio’’ tiene raíz en el sánscrito sindhú que significa ‘‘río’’; de ahí tomó nombre el río Indo, y las regiones a su alrededor pasaron a ser las Indias y, desde luego, sus habitantes… los indios. Por otro lado, indígena es palabra puramente latina, que se forma con inde de ‘‘ahí’’ y gens ‘‘originario’’; o sea que un indígena es el que es originario de un lugar. Desde ese punto de vista, todos somos indígenas porque todos somos… de donde somos.

Ya ven, así de frágil es la historia; nuevos hallazgos y nuevos conocimientos la resquebrajan y, entonces, hay que recoger los pedacitos para volver a armarla y acomodarla a lo que nos hace sentido. Luego, dejarla reposar hasta que nuevas circunstancias la vuelvan a hacer añicos.
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