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Las palabras del talónDomingo, 16 de Abril de 2017 01:09 a.m.

No vayan a pensar mal, las palabras del talón son honorables y muy importantes. Con ellas nombramos objetos entrañables como: el calzado, los calcetines y hasta los calzones. Pero, mejor lee esta historia para que de estas palabras puedas hacer un buen juicio:

Para entrar en ambiente, vale recordar que cuando ante nosotros pasa una cucaracha, ancestrales instintos nos despiertan la vocación de matachines y empezamos un zapateado cuya duración depende de la habilidad del ortóptero para escabullirse. No pocas veces salimos triunfadores y el pobre insecto queda embarrado en el piso víctima de esa primigenia arma que es nuestro pie. Este acto que se repite desde la prehistoria, no sólo con cucarachas, sino también con víboras, tepocatas, alacranes y demás alimañas, bien pudo ser la causa primera para que formáramos el concepto de pisar, que necesariamente forma binomio con la planta del pie.

En latín, calcare era esta acción de pisar, y quizá por ser el talón lo primero que apoyamos al caminar, a este lo llamaron “calx” o también “calcaneum”. De ahí que en castellano hayan quedado “calcaño” y “calcañar” como alternativas poco comunes para referirse al talón.

Pisar el suelo con el pie descalzo no es nada agradable, sobre todo si hay piedritas; por eso muy pronto nuestros antepasados se las ingeniaron para proteger la planta del pie, y, en latín, a esta protección la llamaron “calceus”, que en castellano se convirtió en “calzado”. De ahí fue natural que nacieran voces como “calzar”, “descalzar” y “calzador”.

Luego, buscando más comodidad, se inventaron las calzas, una prenda que evitaba que el calzado dejara los pies ampollados y además protegía del frío, ya que llegaba hasta la cintura, a manera de lo que hoy conocemos como mallas.

Los tiempos cambian y las modas también, así que, un buen día, esas calzas se partieron en dos y a la parte que quedó arriba, cubriendo de la cintura hasta parte del muslo, se le quedó el nombre de “calzones”; mientras que a la parte de abajo, que cubría desde el pie hasta la rodilla, las llamaron “medias calzas”, que después se abrevió y se dijo y se sigue diciendo simplemente “medias”. Al reducir más esta prenda se usaron los nombres diminutivos “calceta” y también “calcetín”.

Otro racimo de palabras del talón se formó a partir del concepto de pisar, ejercer presión. De esta índole son las calzadas, esas vías romanas que en latín llamaron “calceata vía”; literalmente “camino apisonado”. También, de la idea de que al pisar fuerte el talón imprime una huella, se formó el verbo “calcar”, que es reproducir una imagen mediante presión, mismo concepto que hallamos en “calcomanía”. También de este grupo es “inculcar”, que significa “apretar, presionar”, y en sentido figurado decimos cosas como: “inculcar valores” o “inculcar tradiciones”. Decimos también “conculcar”, que vale por “aplastar con el pie”, y por eso se dice “conculcar la ley”, cuando la pisoteamos. ¡Vaya!, buen dato, o sea que también podemos conculcar cucarachas.

De particular interés es descubrir que nuestro verbo “alcanzar” forma parte de esta familia de palabras del talón. En latín se dijo “accalceare”, y tenía el sentido de “perseguir, pisando los talones”; en castellano antiguo se dijo primero “acalzar”, después, quizá por influencia árabe, se dijo “alcalzar”, para finalmente quedar en el actual “alcanzar”, ya con un más amplio significado, porque ahora alcanzamos cosas aunque no tengan talones.

Otra palabra relacionada es “coz”, golpe dado con el talón (calx) que después pasó a significar la sacudida violenta que las bestias hacen con alguna de las patas con ganas de dejarle pintado a quien esté cerca, ya no el talón, pero sí la herradura.

Bueno, ya sólo escribiré un párrafo más, que es el que irá al calce (es decir abajo, donde “está el talón”) de este artículo. Aquí recalcaré que estas palabras del talón son honorables e importantes. Han pisado fuerte en el lenguaje y dejaron en él profundas huellas. 

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos







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