icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Las palabras del poderDomingo, 1 de Junio de 2014 01:05 a.m.
Querámoslo o no, todos vivimos en la pirámide del poder. A veces nos toca mandar y a veces obedecer, por las buenas o por las malas.

En el trabajo, si queremos conservarlo, nos sometemos a las órdenes de nuestros jefes, pero igual exigimos a nuestros achichincles (Del náhuatl aachichinqui, ´ayudante que transporta agua en las minas´) que se sometan a las nuestras.

En la vida social, sufrimos el insoportable poder de quienes tienen la responsabilidad de hacer cumplir leyes y reglamentos, aunque luego nos emparejamos, cuando nos ponemos la cachucha de “mandamases” con meseros, paqueteritos, sirvientes o ya de perdido con el perro o el gato.

Este juego del poder ha dejado innumerables huellas en el lenguaje, unas obvias y otras no tanto. De la primitiva raíz *poti ´dueño, amo´, en latín se dijo potis de quien podía hacer y deshacer a su antojo.

De ahí derivaron voces como potere que en castellano dio poder, poderío y apoderar.

De la misma raíz latina son: posible, de posibilis (capacidad de poder); poseer de posidere (asentarse con poder); potencia y prepotencia, que en sus diferentes sentidos guardan este concepto; y también potestad, que es tener el poder sobre alguien o algo.

En todas estas palabras y sus derivados la sílaba “po” aparece como huella genética de su primitiva procedencia.

Más escondida, encontramos esta raíz en la palabra huésped, del latín hospes, a su vez derivada de ghos-pot (*ghos: extranjero y pot: amo), el sentido implícito es ´extranjero que se hospeda en la casa del amo´. De ahí derivarían después hospital, hostal, hostería y hotel.

En todos los casos se guarda la idea primitiva de ´hospedarse con la anuencia del mandamás´, aunque ya el tiempo ha dado diferentes matices a cada palabra.

Voces relacionadas con el ejercicio del poder son subyugar, poner bajo el yugo (palo que une a los dos bueyes que jalan una carreta); avasallar, convertir en vasallo, del celta *gwasi (sirviente); someter, literalmente ´meter abajo´ que no necesita más explicación; doblegar, ´doblar hacia abajo, señal de dominio´; atropellar, del germánico *thurp ´masa desorganizada de personas´, de ahí tropa y tropel, cuya violencia atropella a las personas que se les atraviesan.

Dominar, da para mucho. Todo empieza en la raíz *dem (casa), que en latín dio dominus para nombrar al amo del domus ´casa´. Del poder de este señor, nacieron los verbos dominar y domar, también dueño y dueña, que por otro lado se hicieron don, doña y aún dama, de ahí adueñar. De pasada, vale decir que de la misma procedencia es el nombre para el domingo ´día del Señor´.

Por el lado griego, de esta raíz se formó la palabra compuesta *dems-pot (el que tiene el poder en la casa) de la que nacería la palabra déspota, conservando la carga de ´abuso del poder´.

En el lenguaje coloquial mexicano, para dejar bien claro quién es el que “las puede”, usamos expresiones como “Aquí nomás mis chicharrones truenan” y “yo soy el mero mero, petatero”, donde lo de petatero es solo para dar expresividad con la rima , y ´mero´ , del latín merus (puro, sin mezcla), en México pasó a significar, entre otras cosas, ´el jefe, el principal´.

Querámoslo o no, todos tenemos un lugar en la pirámide del poder. A veces nos toca mandar y a veces obedecer. La forma en que ejercemos el mando, desnuda nuestra esencia; es entonces cuando salen a flote nuestras virtudes, perversiones y frustraciones.

En cualquier caso, jugar el juego del poder es un arte. Perdemos cuando damos de más y también cuando damos de menos.


cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:   Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor   de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para   luego ir con el chisme.
OpenA