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Las disculpas, ¿se piden o se ofrecen?Domingo, 10 de Agosto de 2014 01:06 a.m.
Con frecuencia, ya sea con conciencia o sin ella, nuestros actos son causa de molestia u ofensa para otros. Cuando así pasa, para llevar la fiesta en paz, los buenos modos nos aconsejan pedir disculpas… o, ¿será más bien ofrecer disculpas? Ahí empieza este lío lingüístico.

Cuando pides disculpas, nunca falta el que se apura a instruirte: “Las disculpas no se piden, se ofrecen. Pedir disculpas es como decir discúlpate, lo que suena a disparate si tú eres el ofensor”. Ni hablar, aceptas el regaño y en la siguiente oportunidad, recordando lo aprendido, ahora ofreces disculpas, pero entonces, alguien te dice: “Las disculpas no se ofrecen, se piden. Ofrecer o dar disculpas es disculpar, y el que tiene que ser disculpado eres tú, no al que ofendiste”. ¡Gulps!, ¿y entonces?...  

Antes de que este dilema se convierta en una duda existencial, un poco de historia puede ayudarnos a ver con otros ojos esta sutileza del lenguaje. En español antiguo, heredada del latín, se usó la palabra “desculpa”, literalmente ‘quitar una culpa’. Con el tiempo, surgió la variante fonética “disculpa” y ambas formas coexistieron hasta que finalmente se impuso la segunda. Para ver cómo se usaba la palabra en castellano viejo, echemos una ojeada a los siguientes textos: En 1616, nada menos que Miguel de Cervantes, escribió “Los trabajos de Persiles y Segismunda” que en una parte dice: “ ...ni sé qué desculpa dar de la culpa que tengo, ni del yerro que hago”.

En el texto anterior, para beneplácito de los partidarios de “ofrecer disculpas”, efectivamente el dar disculpas corre por cuenta del ofensor. Aquí la palabra ya tiene el sentido de “razón para explicar o justificar un acto que ha ofendido”.

No obstante, en 1585, el mismo Cervantes –mucho más joven–, escribió “La Galatea”, que en una parte dice: “... Yo te prometo, Elicio –respondió Galatea–, que no por huir de tu compañía ni de la de Erastro he vuelto del camino que tú imaginas. La voluntad que me tienes y ofrecimientos que me haces te agradezco, y no tengas en poco haber dado yo disculpa a tu sospecha”.

Lo interesante de este texto es que la disculpa, aunque no fue pedida por el “ofensor Elicio”, sí la da la “ofendida-Galatea”. Aquí la palabra tiene el sentido original de “perdonar o quitar la culpa a otro”. En este contexto, vale que un ofensor arrepentido pida disculpas a su ofendido.

Estos ejemplos nos dejan ver que la raíz de este embrollo es una doble acepción que desde antiguo adquirió la palabra disculpa: 1.- Razón para explicar o justificar una culpa. 2.- Perdonar o quitar la culpa a otro.

En ambos casos, ya sea en ofrecer o pedir disculpas, hay la intención del ofensor  de alcanzar el perdón, de modo que cualquiera de las dos fórmulas pueden ser usadas sin remordimientos.

Si aún tienes dudas, ¿por qué no le preguntas a los académicos de la Real Academia Española? Yo ya lo hice y esto es lo que me contestaron: “En relación con su consulta, le adjuntamos una explicación: En realidad, las dos fórmulas, pedir disculpas y presentar [ofrecer] disculpas son igualmente aceptables: el que pide disculpas desea que el otro le disculpe; el que las presenta, desea que se le acepte el hecho de disculparse. Lo mismo vale para pedir excusas y presentar (u ofrecer) excusas. Reciba un cordial saludo. Departamento de Español al día RAE”.

Bueno, espero que estas letras tengan la virtud de aclarar esta recurrente duda… y si no lo conseguí, no me queda más que pedir disculpas u ofrecer disculpas, ahora sí que, al gusto del cliente.

Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN: Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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