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Ladridos de canDomingo, 26 de Abril de 2015 01:15 a.m.
En latín, lo llamaron canis y en castellano paso a ser can, pero poco le duró el gusto a la palabra porque muy pronto se dijo perro, voz que con mucha probabilidad ya existía en la península Ibérica y quizá con origen en el sonido “¡prrr!” que usarían los pastores para azuzar a estos animales.

Llama la atención que en lenguas tan lejanas, haya palabras de fonética parecida a can:  En el chino antiguo k´iuan,  el ostiako siberiano kanak y el cafino de África oriental kunano. Esto es un indicio del largo viaje de esta palabra y de la ancestral amistad entre caninos y humanos.

Aunque, si bien es cierto que en castellano la palabra can ha caído en desuso, todavía ladra porque sigue presente en voces que de ella se derivaron. Por ejemplo: de los tiempos de la gloriosa Roma nos quedó la palabra canícula, que es ese período de 40 días, a mediados de julio, en el que se supone que el calor es más intenso. Pero, ¿de dónde viene este extraño nombre?

Por herencia de culturas más antiguas, los romanos conocían las constelaciones, esos grupos de estrellas a los que con algo de imaginación les fueron encontrando formas familiares. Una de ellas es el Can Mayor, constelación a la que pertenece Sirio, una estrella que por esta razón los romanos con cariño llamaban “la perrita”. ¡Ah! Pero como ellos hablaban latín, en realidad la llamaban canícula, que justo significa “perrita” en esa lengua. Daba la casualidad de que en aquellos lugares y en aquellos tiempos, cuando empezaba el verano, al salir el sol también la estrella Sirio se hacía visible y entonces ellos decían que había entrado la canícula, anunciando la época calurosa del año, dicho que ha prevalecido hasta nuestros días.

De can, también procede la palabra canalla, que hoy es calificativo de una persona sin escrúpulos, que no le importa dañar al prójimo con tal de conseguir sus objetivos. La palabra procede del italiano canaglia y lo curioso es que en origen es un colectivo que significa “jauría de perros”. Cuando se hablaba de la canalla se hacía referencia, con desprecio,  a un grupo de personas, así como hoy decimos “la perrada”. A mediados del siglo XIX, la comunidad culta despotricaba contra el mal uso que el pueblo hacía de la palabra y es que al ser canalla un colectivo, no debería usarse para referirse a una persona. Era como decirle a alguien “eres un rebaño” en vez de decirle “eres un borrego”. Pero la fuerza del uso en el lenguaje es poderosa y hoy canalla ya es un adjetivo que aplicamos a una persona ruin y despreciable.

También la voz can la hallamos en canario, nombre de ese tierno pajarillo de melodiosos trinos. Se le nombró así por ser abundante en las Islas Canarias, lugar que a su vez tomó nombre por culpa de los perros. Plinio, historiador romano, decía que fue por la abundancia de canes en esas islas; pero, en otra historia, se dice que fue por los canarri, un pueblo que habitó ahí y que los romanos le dieron ese nombre porque, según ellos, comían como perros (¿no se morderían la lengua?). En cualquier caso, ahí están los canes, atrás de estas palabras.

En el noreste de México, hay un paradisiaco lugar al que llaman Matacanes, que protegido por la Sierra Madre, mantiene intactas las esbeltas cascadas de agua cristalina que caen desde estructuras rocosas en el azul de un pequeño lago. Nadie ha dado una explicación satisfactoria del nombre de este lugar, pero a mí me queda claro que es una evocación de los matacanes de los castillos medievales, esas salientes de los muros y de las torres desde las cuales se dejaban caer cascadas de agua o aceite hirviendo sobre el enemigo que intentaba tomar la fortaleza. Los llamaban matacanes como decir mataperros, por no decir “mata enemigos”.

Así que ya ven, aunque can es voz que ya poco usamos, no se ha perdido en el silencio, sigue ladrando escondida en otras canijas palabras.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:   Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor   de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para   luego ir con el chisme.
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