icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
La última noción de Mario Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 17 de Septiembre de 2020 02:00 a.m.

El despertar de la mirada

"Te propongo construir un nuevo canal sin esclusas ni excusas / que comunique por fin tu mirada atlántica con mi natural pacífico". La frase es relampagueante, viva, ineludible. Este fue el primer poema que leí de Mario Benedetti; a partir de ahí sus letras acompañarían mi vida en un largo abrazo espiritual que aún no termina.

Por estos días, Mario Benedetti estaría cumpliendo un siglo. El mundo de las letras le recuerda como un poeta de todos. Sus letras, finas, sencillas y punzantes al mismo tiempo, están tatuadas en la memoria poética de nuestro tiempo. Y es que Mario Benedetti fue un poeta lúcido como un guerrero y acogedor como un viejo camino. Sus poemas intentan una vía de comunicación con el otro. En un siglo maquinal y cruel en el que las estructuras políticas y técnicas cayeron sobre la persona como una maldición, la obra de Benedetti es oro puro.

En sus poemas se celebra intensamente el afán honesto y profundo de tocar y de recuperar al otro, de reconocerle a pesar del paso del tiempo, a pesar del paso del odio, a pesar del paso de la crueldad, a pesar de todos los exilios posibles. Este deseo va guiando al poeta en su búsqueda por esa verdad. 

De esta manera, Defender la alegría, Viceversa, No te salves, Bienvenida, Una mujer desnuda, Los formales y el frío, Táctica y estrategia, Hombre preso que mira a su hijo, La última noción de Laura, son manos que tocan al viajero, son habitaciones que acogen al desheredado, son el pasaporte de regreso para el exiliado, son el hilo de voz que el preso político nunca perdió.

Benedetti hace de su poesía una palabra viva, afirmada, una señal envolvente que, al reconocer al otro en su dimensión poética, hace comunidad y la vuelve verdadera.

Y es precisamente Hombre preso que mira a su hijo el poema que, en mi interioridad, en esos momentos de desamparo, levanta mi espíritu desde el terrible barro de lo cotidiano. El poema es una carta de amor de un preso político a su hijo pequeño. Es así, en Latinoamérica no tenemos tiempo de ser niños, Benedetti lo sabe, pero también sabe que en Latinoamérica no tenemos tiempo de ser cobardes:

"Botija aunque tengas pocos años/ creo que hay que decirte la verdad para que no la olvides. / Por eso no te oculto que me dieron picana/ que casi me revientan los riñones/ todas estas llagas, hinchazones y heridas/ que tus ojos redondos miran hipnotizados /son durísimos golpes/ son botas en la cara / demasiado dolor para que te lo oculte /demasiado suplicio para que se me borre... Porque es mejor llorar que traicionar/ porque es mejor llorar que traicionarse/ llora, pero no olvides".

Esta es la última noción de Mario, la que nos coloca frente a un destino ineludible y nos pide que resistamos. Esta es la última noción de Mario, la que nos eleva sobre la realidad agónica sin negarla, retándola siempre. Esta es la última noción de Mario, la que nos mueve hasta conmovernos, y, mientras el puño del siglo se cierra, la poesía secreta, sencilla, plena, nos abre la vida en un golpe de luz interminable. Esta es la ultima noción de Mario, la que cree en la fuerza del pueblo en lo general, y en la verdad de tú mirada en lo particular.

No es la nostalgia la que nos lleva a recordar a Mario Benedetti en fechas como esta, es la necesidad de resistencia, es la necesidad de reencontrarnos con aquello que nos fue arrebatado. Leer a Benedetti es un atentado contra todos los opresores que nos circundan. Leer a Benedetti es, a final de cuentas, defender la alegría.

OpenA