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La sinodalidad política Por: Padre Francisco Gómez Hinojosa Siete PuntosJueves, 4 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

1. El horizonte cristiano ha hecho varios aportes lingüísticos a las culturas occidentales. Van dos ejemplos. La palabra ministro, con la que hoy nombramos al responsable de una secretaría de Estado, revela en su etimología la idea de servicio –ministrare, en latín, significa servir–. El concepto es de gran contenido teológico cristiano. Otra expresión: parroquiano. En sus orígenes designaba a la persona que pertenece a una parroquia determinada, pero también nombra a quien frecuenta un establecimiento público, incluida una cantina.

2. Continuando con estos aportes, nuestro arzobispo acaba de publicar un documento en donde utiliza un concepto eminentemente teológico y pastoral, sinodalidad, y lo une con algo tan ciudadano como lo es la política. La palabra sínodo, nos dice el autor, es de gran importancia en la Iglesia católica. Significa, de acuerdo a su etimología griega, "caminar juntos". De ahí surge la sinodalidad, como expresión de la corresponsabilidad y la participación de todo el Pueblo de Dios en la vida y misión de la Iglesia.

3. Sus elementos fundamentales son la escucha y el diálogo para el discernimiento comunitario. Ella, sostiene el texto, se opondrá a cualquier tipo de autoritarismo, y al ejercicio arbitrario del poder, considerando éste como un servicio y no como una fuente de privilegios. Un servidor público se distinguirá, de acuerdo a esta perspectiva sinodal, como alguien capaz de escuchar, de dialogar, de aceptar, inclusive, sus errores, y de asumir sus responsabilidades dejando de culpar a otros de los resultados negativos.

4. Para clarificar su propuesta, el líder de la comunidad católica propone tres palabras, también de origen griego, y las asocia al adjetivo política. Sinfonía, simpatía y sinergia. La primera, en cuanto multiplicidad de voces, puede ser política si aceptamos escuchar

todas las opiniones, y no sólo las de las personas que piensan como nosotros, que tienen nuestros mismos intereses, que opinan lo mismo. La sinfonía política reconoce la verdad que hay en otras posiciones ideológicas, y busca enriquecerse con ella.

5. La simpatía política no la entiende el Arzobispo como el natural impulso que tenemos de reunirnos con las personas que nos caen bien, o cuyo trato nos resulta agradable. Ella se caracteriza por la solidaridad, la sensibilidad en especial hacia quien sufre, la amabilidad. Nos recuerda en el documento su insistencia en que saludar y sonreír son el fundamento de cualquier acción evangelizadora, y lo debe ser también de la simpatía política. Saludar y sonreír no para ganar votos, sino para manifestar respeto y cariño.

6. Por último, para que la sinodalidad política no se convierta en sólo expresión de buenas intenciones, don Rogelio Cabrera López nos invita a activar la sinergia política, entendida como el conjunto de acciones que nos permiten impactar en el bien común. Los gobernantes no pueden trabajar solamente con quienes son sus simpatizantes, o en beneficio de paisanos y miltantes del mismo partido. La sinodalidad política, entonces, nos llevará a tratar de pensar, de sentir y de trabajar juntos, enriqueciéndonos con nuestras diferencias.

7. Cierre ciclónico. Es muy sabido que el amor "necesario" de Jean Paul Sartre fue Simone de Beauvoir, y que el autor de El existencialismo es un humanismo recomendó a su amada que escribiera un texto paralelo: El feminismo es un humanismo. No fue así, y ella asombró al mundo con El segundo sexo. Pues ahora una religiosa, la Hna. Mercedes Navarro, española de las Mercedarias de la Caridad, sostiene que el feminismo es un humanismo cristiano. Habrá que revisarlo en el marco del próximo Día Internacional de la Mujer.

papacomeister@gmail.com

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