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La salud del presidentePor: Andrés Vásquez Opinión y PropuestaJueves, 28 de Enero de 2021 02:00 a.m.

Hace unos días, el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, anunció que se había contagiado de Covid-19 y que comenzaba a recibir los tratamientos médicos derivados de ello. Aclarando que en esta columna no nos alegramos de su contagio –ni del  de nadie–, y que tanto a él, al igual que a todas las personas que se han contagiado, les deseamos una pronta y plena recuperación, es que se comenta lo siguiente:

La salud del Presidente de la República, más allá de quién sea su titular en turno; es un asunto de Estado. Esto significa que su cuidado y manejo, y la información que derive de ello, debe ser pública por las consecuencias políticas, sociales y económicas que puede traer la ausencia física definitiva del titular del Poder Ejecutivo federal. 

Durante meses, y de manera incomprensible, el presidente se mostró escéptico al fenómeno que representa la pandemia; y lo demostró en sus acciones, relajando sus medidas de prevención, hasta que ocurrió el contagio. Como se dijo, esperamos su recuperación; pero nuestro país no está preparado para enfrentar la pérdida de un presidente. La última vez que ocurrió algo similar, se dio con los magnicidios de Álvaro Obregón, quien al momento de su asesinato era presidente electo; y de Luis Donaldo Colosio, quien era candidato presidencial del PRI; causando ambos acontecimientos, una conmoción de grandes proporciones, que derivó en una crisis política y económica. En el caso más reciente, el de Colosio, su trágica muerte fue un factor más de aquél aciago 1994, que se sumó a una cadena de acontecimientos que terminaron provocando una devaluación mayúscula de nuestra moneda y la fuga masiva de capitales. 

Hoy, el Presidente está enfermo y los reportes que recibimos sobre su salud son escuetos, cosa que debería corregirse en aras no sólo de la transparencia, sino de la gobernabilidad. Dichos reportes dicen que está estable y que los síntomas que presenta son leves; aunque no hay que pasar por alto su edad, el infarto que sufrió hace menos de una década y las comorbilidades que presenta. Si el presidente llegara a faltar de manera definitiva, entonces tendríamos que remitirnos a lo establecido en el artículo 84 Constitucional: 

Sería la secretaria de Gobernación quien asuma de manera provisional la presidencia de la República, mientras el Congreso nombra al nuevo presidente sustituto, el cual deberá terminar el sexenio. Con la actual integración del Congreso, de mayoría morenista en ambas Cámaras, se esperaría que fuera un militante de dicho partido quien asumiera la presidencia.

Mientras todo ello ocurre, lo cual podría tomar hasta 60 días, de acuerdo con la propia Constitución, podría crearse en el país un ambiente de temor, desconfianza y angustia, que pudiera provocar devaluación y fuga de capitales, con el consecuente desempleo e inseguridad. Además de la consabida lucha de poder entre los grupos políticos que buscarían hacerse con la presidencia.

Antes de alegrarse mezquinamente del contagio del Presidente y de cualquier otra persona; se debe tener altura cívica y pensar en las consecuencias que su pérdida podría traer para nuestro país. México no necesita más crisis. Y claro, el primero que debe pensarlo es él y más allá de sus creencias, cuidarse también. Por el bien de México.

Ojalá que sí.

Además opino que es necesario e importante, generar políticas públicas educativas, en relación al cuidado, protección y preservación del ambiente.

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