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La renta universal: el pan y circo de hoy Por: Guillermo Fárber HueconomíaSábado, 13 de Octubre de 2018 01:29 a.m.

Las virtudes republicanas de la Roma temprana eventualmente cedieron a la decadencia del posterior Imperio Romano. Charles Hugh Smith considera que la civilización occidental ha tomado un camino similar y el remate es la renta universal básica. A medida que la opulencia se convierte en la norma que se asume como permanente, el propósito compartido y el sacrificio por el bien común son reemplazados por una prolongada decadencia y una obsesión por maximizar la ganancia personal.

En El destino de los imperios y la búsqueda de la supervivencia (1978, https://bit.ly/2RJtl1L), John Bagot Glubb describe las características centrales del declive de todo imperio (el asirio, el árabe, el británico, etc): amor por el dinero como un fin en sí mismo; un largo lapso de riqueza y facilidad, que hace a las personas complacientes y olvidan los rasgos (confianza, energía, trabajo duro) que construyeron su civilización; egoísmo y auto-absorción avasallantes; pérdida del sentido del deber hacia el bien común; aumento en la frivolidad, el hedonismo, el materialismo y el culto de la celebridad improductiva; pérdida de cohesión social y deseos de habitantes de vivir a expensas de un estado burocrático hinchado.

Las élites políticas y financieras aseguraron su posición a expensas de la movilidad social al erigir barreras que las protegieran de la competencia y la rendición de cuentas. Manipularon el sistema para su beneficio. Para financiar sus extravagantes estilos de vida, tomaron más y más de los que estaban debajo de ellos, ampliando la desigualdad entre la aristocracia y los plebeyos hasta los extremos. Mientras que los patricios de la república romana tenían 20 veces la riqueza de un ciudadano romano promedio, por el Imperio tardío las elites poseían hasta 200,000 veces la riqueza del plebeyo promedio (como hoy).

DESIGUALDAD

Las cargas más pesadas sobre la clase productiva y la decadencia de la movilidad social despojaron a la mayoría de una participación financiera en el sistema, y la concentración del poder político en una oligarquía los privó de influencia política. Cuando se pierde la movilidad social y el propósito compartido, hay poca motivación para contribuir a un sistema que beneficia a unos pocos a expensas de los muchos. Los marginados forman una clase política volátil; un pequeño evento puede desencadenar una explosión que amenaza un status quo que beneficia a unos pocos a expensas de los muchos.

Para contrarrestar esta amenaza, las élites compraron el cumplimiento y la complicidad de las masas con pan y circo. Como señala Glubb, el deseo de vivir a costa del estado es un reflejo de la decadencia general. Si no hay otra búsqueda hedonista al alcance financiero, la fórmula pan y circo sirve de suplente. Pero esta fórmula no sustituye la movilidad social, las bajas barreras para acumular capital y una participación política en el sistema. Hoy, el ingreso básico universal, donde los ciudadanos reciben dinero independientemente de si trabajan o no, es el equivalente moderno del pan y circo.

LA TENTACIÓN

Por lo pronto, Wikipedia define así la RUB: “La renta básica universal (RBU), también llamad renta básica incondicional (RBI), ingreso ciudadano, universal demogrant o basic income, es una forma de sistema de seguridad social en la que todos los ciudadanos o residentes de un país reciben regularmente una suma de dinero sin condiciones, ya sea desde un gobierno o alguna otra institución pública, además de cualquier ingreso recibido de otros lugares. La recibe todo miembro de pleno derecho o residente de la sociedad, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quién conviva.

La renta básica se define como el derecho de todo ciudadano y residente acreditado a percibir una cantidad periódica que cubra, al menos, las necesidades vitales sin que por ello deba contraprestación alguna.

EFECTOS

“Sus partidarios afirman que:

·      Mejoraría la situación de las personas con un nivel adquisitivo bajo.

·      Se evitaría, o al menos dificultaría, la desvalorización de nuestra capacidad de trabajo. Nadie se vería obligado a aceptar condiciones deplorables porque no estaría obligado por la necesidad.

·      Los trabajos desagradables serían mejor pagados.

·      Los trabajadores estarían en mejores condiciones para negociar los contratos de trabajo.

·      No habría que ‘vigilar’ que los parados trabajasen ilegalmente, como pasa con la ayuda por desempleo.

·      Como no se perdería la RB al encontrar trabajo, sería menos probable que se trabajase de forma ilegal; así, no se gastaría dinero en investigar el fraude.

·      El autoempleo sería menos arriesgado y mayores sus posibilidades de aumentar.

·      Los sueldos mayores, que también recibirían la renta universal, estarían más gravados por impuestos directos; como resultado, el estado recuperaría el dinero que reciben dichos grandes sueldos.

Sus detractores afirman que:

·      Generaría inflación creciente en la economía hasta anular el valor real del dinero obtenido a través de la renta básica.

·      Trabajaría mucha menos gente.

·      Dañaría el prestigio social de la educación y el esfuerzo, con consecuencias muy nocivas para la movilidad social.

·      Erosionaría los valores cívicos y debilitaría las instituciones democráticas, ya que muchas personas que normalmente serían perfectamente capaces de ganarse la vida por sus propios medios pasarían a ser dependientes del Estado.

·      Los trabajos desagradables o poco remunerados, lejos de desaparecer, pasarían a ser realizados por personas que no posean la ciudadanía o que no sean elegibles para recibir el subsidio por cualquier otro motivo.

·      Si poseer la ciudadanía no fuera un requisito para percibir la renta básica universal, atraería a inmigrantes que tratarían de conseguirla sin contribuir con ninguna actividad productiva.

·      Supondría un gasto considerable con el que podrían financiarse programas de demostrada eficacia a la hora de promover la igualdad de oportunidades, como la educación pública.

·      Se destinarían recursos que pudieran generar más empleos y atraer inversiones.”

¿Qué opinas tú, querido lector?



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