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La próxima gran crisis ¿peor que la Gran Depresión?Lunes, 25 de Febrero de 2019 00:57 a.m.

La semana pasada comentamos un gran artículo de Alasdair Macleod, jefe de investigación de GoldMoney, en el que desmonta la falacia de los bancos centrales y su política monetaria para (des)controlar la inflación.

Macleod demuestra que la manipulación de las tasas de interés, como lo hacen los bancos centrales, no tiene correlación negativa con la demanda de crédito y en los precios. Por ejemplo, entre 1970 y 1990 siempre creció la oferta monetaria, independientemente de las alzas o bajas de tasas que aplicó la Reserva Federal de Estados Unidos.

Pese a esto, la Fed y los bancos centrales siguen con la misma receta de bajar artificialmente los tipos de interés e inundar de dinero el mercado para reactivar la economía. Así lo hicieron en 2008 tras el estallido de la crisis financiera y también ocurrió en el Siglo XX con el ‘Crack’ de Wall Street en 1929, que desembocó en la Gran Depresión. 

Y ahora nos dirigimos a una crisis crediticia y sistémica, cortesía de las políticas erradas del pasado. No hay burbuja de crédito que no termine por estallar.

Este error que históricamente se ha cometido tiene un nombre: expansión (corrupción) monetaria. 

El autor encuentra ciertos paralelismos entre lo que pasó antes y durante la Gran Depresión y lo que ocurre hoy. La primera semejanza está en las políticas proteccionistas de Estados Unidos.

El 30 de octubre de 1929, el Congreso aprobó la Ley de aranceles de Smoot-Hawley como una forma de “proteger” a los productores y a la industria nacional. Al darse cuenta de esto por adelantado, hubo inversionistas que vendieron acciones, lo que llevó a los precios a una baja de 34% en sólo 15 días. Sobra decir que esta ley trajo los efectos contrarios que se esperaban y en 1934 los aranceles fueron reducidos.

Hoy Estados Unidos está enfrascado en una guerra comercial con China. Ambas potencias mantienen una tregua que expirará el 1 de marzo, pero la serie de aranceles impuestos por ambas potencias ya provocan pérdidas de miles de millones de dólares.

Otra similitud está en la inflación disfrazada. Entre 1921 y 1929, las consecuencias de la expansión monetaria debidas a la inflación de los precios se ocultaron por los beneficios de la mejora de la agricultura y los métodos de fabricación. Hoy en día, la inflación de precios también se oculta mediante la manipulación estadística.

Por otra parte, en el mismo periodo del siglo pasado, el crecimiento de los préstamos bancarios aumentó aproximadamente 50%, un crecimiento similar al 57% del periodo 2009-2018 en el que se incrementaron los créditos comerciales y bancarios.

Una recuperación (temporal) de los mercados es lo que tienen en común ambas épocas. Desde la caída abrupta de diciembre pasado, el S&P se ha estado recuperando, también aliviado por la aparente pausa de la Fed en sus alzas de tasas.

De esta forma, vemos factores que, combinados, pueden formar un coctel letal para la economía global con efectos igual o más dañinos que en el pasado. 

La expansión monetaria sin control, las políticas proteccionistas, el crédito en su punto más alto y el fin del ciclo alcista de los mercados accionarios son las señales de una nueva crisis. ¿Y qué harán los gobiernos y las autoridades? Lo mismo de siempre, intentar reactivar la economía inyectando más dinero y empujando crédito artificialmente barato.

“A menos que haya una aceptación rápida de que las políticas macroeconómicas egoístas son la raíz de este mal, las tasas de interés aumentarán rápidamente más allá del control de las autoridades a medida que se revele el engaño del dinero fíat (de papel, sin respaldo)”, prevé Macleod.

Lamentablemente, pensamos que las autoridades no saldrán de su error y no estabilizarán las tasas de interés de una forma creíble, como volver a un patrón oro, porque sería reconocer que sus políticas actuales son una mentira y un fracaso.

Algo que también hace notar Macleod es que, entre septiembre de 1929 y la primavera de 1933, el poder de compra del oro se duplicó mientras las monedas se devaluaron. Justo por eso en esta columna les hemos insistido en que el oro es un activo obligatorio en cualquier cartera responsable de inversión.

La historia nos lo dice: el oro ha sido el mejor seguro contra desastres financieros. Las autoridades no lo quieren admitir, pero los países “no alineados” se encuentran acumulando el metal áureo ante la próxima gran crisis, como China y Rusia. Por algo será.

OpenA