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La Palabra de Dios nos sostienePor: P. Noel Lozano Las cartas sobre la mesaViernes, 22 de Enero de 2021 02:00 a.m.

Este domingo nos ponemos delante de la Palabra de Dios. Este tiempo de pandemia es una oportunidad para valorar, leer y disfrutar en la paz de nuestras casas de la palabra que transforma, que ilumina, que renueva, que sana, que compromete. 

Vemos cómo Jonás nos pone delante de una situación trágica, un pueblo que se ha desviado y necesita de un cambio, el alejamiento del Dios, la tristeza que ocasiona el mal en el corazón de los hombres ha ensombrecido el rostro del hombre. El género humano estaba necesitado de un redentor y el Padre envió a su Hijo: Palabra eterna del Padre. “Descúbrenos, Señor, tus caminos”, nos dice el salmista.

Jesús, revelación del amor del Padre, ilumina toda situación humana por dramática que ésta sea, porque él ha asumido nuestra condición humana hasta sus últimas consecuencias. La Palabra del Señor ilumina nuestra existencia muchas veces turbada por las angustias y pandemias del mundo, por los temores del mal, por la incertidumbre del futuro. Jesús no deja de llamarnos: Vengan y síganme…

La Palabra de Dios es luz.  En los momentos complicados y grises de la vida nos hace muy bien escuchar y sentir en nuestro corazón la Palabra de Dios. Muchas veces atravesamos por momentos de dificultad en nuestra vida, hay obscuridad, confusión, tristeza y decaimiento. En ocasiones estos estados nacen de los acontecimientos mismos de la vida, como por ejemplo una enfermedad, la muerte de un ser querido, una desgracia familiar, esta dificil situación de pandemia que estamos viviendo... A veces se trata de obscuridades interiores: pruebas de Dios, sequedades espirituales, sentimiento de la propia fragilidad moral, pérdida de la energía interior... Ante esta situación humana tan universal, tan compleja y diversificada, Jesús no responde directamente, ni en abstracto. Él invita a hacer de toda situación humana una situación salvífica. Al llamar a los apóstoles él no responde directamente a su problemática existencial, más bien los invita a una misión nueva e inesperada, una misión difícil que exigía muchas renuncias, les abre horizontes desconocidos. 

La Palabra de Dios nos compromete. Toda vocación cristiana es una vocación al compromiso serio de vida. Una comunidad parroquial que vive intensamente su fe es una comunidad en la que surgen y deben surgir vocaciones comprometidas al matrimonio, a la vida consagrada y al sacerdocio. Así como en tiempo de Jesús surgían vocaciones de modo espontáneo gracias a su predicación y a la invitación explícita que dirigía a los jóvenes, así también hoy deben surgir vocaciones donde se cultiva la vida cristiana y donde se da acogida a la llamada de Jesús. No hay que temer el proponer abiertamente la vocación a las almas, porque sabemos que es la Palabra de Dios, la invitación de Jesús mismo quien sigue llamando a los hombres a un compromiso serio en su vida espiritual. No hay que temer proponer a los jóvenes el camino del compromiso serio y de la vocación, Jesús sigue teniendo necesidad de ellos para proclamar el evangelio con la vida y ser portadores de su palabra en el mundo. 

La Palabra de Dios nos despierta. El Señor con la fuerza de su palabra nos lleva a despertar y a actuar. Las actuales dificultades en la consecución de vocaciones no deberían desalentarnos, más bien, deberían enardecernos para redoblar los esfuerzos para obtener buenas y abundantes vocaciones. Estos esfuerzos podrían dirigirse en tres direcciones: Primero, despertar en la vida familiar el aprecio por el compromiso que conlleva toda vocación, de modo que surjan en el seno familiar de forma natural y espontánea vocaciones. Segundo, despertar en los jóvenes el atractivo por la vocación matrimonial y consagrada. Instruirlos con una adecuada catequesis e invitarlos a que si escuchan la voz de Dios en su corazón, no la acallen, sino la cultiven para que se desarrolle hasta la madurez de una vocación. Tercero, despertar en todos los cristianos el amor por el compromiso, por las vocaciones, de forma que con su oración, con su sacrificio y con oportunas iniciativas todos promuevan eficazmente las vocaciones dentro de la propia comunidad.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, ruega por nosotros.

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padrenoel@padrenoel.com.mx

@pnoellozano

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