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La Navidad como rompiendo los contenedores de nuestras expectativas Por: Ron Rolheiser Ron RolheiserMartes, 22 de Diciembre de 2020 00:00 a.m.

Es curioso cómo Dios invariablemente rompe los contenedores de nuestras expectativas. Nosotros tenemos una noción de cómo Dios debería actuar y Dios termina actuando de una manera que rompe todas esas expectativas y, sin embargo, cumple nuestras expectativas de una manera más profunda. Eso es indudablemente cierto de lo que sucedió en Belén en la primera Navidad.

Durante siglos, hombres y mujeres de fe, conscientes de su impotencia para rectificar todo lo que está mal en la vida, habían estado orando para que Dios viniera a la tierra como un Mesías, un salvador, para limpiar la tierra y corregir todo lo que está mal en ella. Exactamente cómo iba a suceder esto fue quizás más un anhelo incipiente de justicia, una esperanza hambrienta, que cualquier tipo de visión clara, al menos hasta que llegaron los grandes profetas judíos. Finalmente, profetas como Isaías comenzaron a articular una visión de lo que sucedería cuando llegara el Mesías. En estas visiones, el Mesías marcaría el comienzo de una "Era Mesiánica", un nuevo tiempo, cuando todo se compondría. Habría prosperidad para los pobres, curación para los enfermos, libertad de todo tipo de esclavitud y justicia para todos (incluido el castigo para los malvados). Los pobres y los mansos heredarían la tierra porque el Mesías prolongadamente buscado simplemente dominaría todo mal, echaría a los malvados de la faz de la tierra y compondría todas las cosas.

Y después de todos esos siglos de espera, de añoranza, ¿qué obtuvimos? ¿Qué obtuvimos? Un bebé indefenso, desnudo, incapaz de alimentarse solo. Esa no era la forma en que nadie esperaba que esto sucediera. Habían esperado un suprahumano, una superestrella, alguien cuyos músculos, intelecto, estatura física, invulnerabilidad e invencibilidad simplemente empequeñecerían todos los poderes del planeta de una manera que no podría haber argumentos, resistencia, u oposición a su presencia.

Esa sigue siendo la forma en que, en su mayoría, fantaseamos sobre cómo debería funcionar el poder de Dios en nuestro mundo. Sin embargo, como sabemos desde la primera Navidad, normalmente Dios no trabaja de esa manera. Lo que se reveló en Belén es que normalmente nos encontramos con la presencia y el poder de Dios en nuestro mundo como un niño indefenso tendido en la paja, vulnerable, aparentemente impotente, tocándonos subliminalmente.

¿Por qué? ¿Por qué el todopoderoso Creador del universo no muestra más músculos? ¿Por qué Dios normalmente se revela más en el cuerpo de un bebé que en el de una superestrella? ¿Por qué? Porque el poder de Dios obra para derretir corazones en lugar de quebrarlos, y eso es lo que pueden hacer la vulnerabilidad y la impotencia. Eso es lo que pueden hacer los bebés. El poder de Dios, al menos el poder de Dios para acercarnos a la intimidad entre nosotros, normalmente no funciona a través de la fuerza, los músculos y la frialdad (invulnerabilidad). Funciona a través de muchas cosas, más funciona con un poder especial a través de la vulnerabilidad y la impotencia. La intimidad se basa en la vulnerabilidad. No puedes dominar a otra persona para hacer que te ame, a menos que domines su corazón como lo hace un bebé. Podemos seducirnos unos a otros a través del atractivo, atraer la admiración a través de nuestros talentos e intimidarnos unos a otros mediante una fuerza superior, pero ninguno de estos proporcionará en última instancia la base para una comunidad de vida compartida durante mucho tiempo... más la impotencia y la inocencia de un bebé pueden proporcionar eso.

El poder de Dios, como un bebé durmiendo en su cuna, reside en nuestro mundo como una invitación silenciosa, no como una amenaza o coerción. Cuando Cristo se encarnó en nuestro mundo en Belén hace 2,000 años y luego murió aparentemente indefenso en una cruz en Jerusalén unos 30 años después, esto es lo que se reveló: el Dios que se encarnó en Jesucristo entra en el sufrimiento humano en lugar de hacerse a un lado, es solidario con nosotros en lugar de estar separado de nosotros, manifiesta que el camino a la gloria es hacia abajo en lugar de hacia arriba, está con los pobres y los impotentes en lugar de con los ricos y poderosos, invita en lugar de coaccionar, y se manifiesta más en un bebé que en una superestrella.

Sin embargo, eso no siempre es fácil de comprender ni de aceptar. A menudo nos sentimos frustrados e impacientes con Dios quien, como dicen las escrituras, puede parecer lento para actuar. Jesús prometió que los pobres y los mansos heredarían la tierra y esto parece estar siempre en contradicho por lo que realmente está sucediendo en el mundo. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres no parecen heredar mucho. ¿De qué sirve un bebé indefenso a este respecto? ¿Dónde vemos actuar el poder mesiánico?

Bueno, nuevamente los contenedores de nuestras expectativas deben romperse. ¿Qué significa "heredar la tierra"? ¿Ser una superestrella? ¿Ser rico y famoso? ¿Tener poder sobre los demás? ¿Entrar en una habitación y ser reconocido y admirado instantáneamente como algo significativo e importante? ¿Es así como "heredamos la tierra"? O, ¿"heredamos la tierra" cuando una frialdad se derrite en nuestros corazones y la sonrisa de un bebé nos devuelve nuestra bondad primordial?

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