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La ley de movilidad, el reglamento y los transitorios Por: Moisés Lopéz Cantú SystemáticaMiércoles, 28 de Octubre de 2020 00:00 a.m.

La semana pasada salió a consulta por segunda vez, sorpresiva e inopinadamente, el reglamento de la Ley de Movilidad (LM). 

En lectura a vuelo de pájaro, identifiqué algunos cambios: reducción de algunos espacios de actuación del consejo consultivo, más obligaciones para los prestadores en relación con el combate a la violencia de género, algunas medidas relacionadas con la "evolución" a energías limpias, se agregó un capítulo de normas técnicas y se redujeron las obligaciones de transparencia con lo que el Sistema Estatal de Información y Registro quedó reducido, prácticamente, a la nada. En esta versión hay casi 30 artículos más. Raro.

Pero bueno, el reglamento debió aprobarse hacer rato, 90 días hábiles después de la publicación de la LM, según el transitorio séptimo. También, en el mismo plazo, debieron de modificarse los reglamentos municipales de tránsito, espacio público, banquetas y otras regulaciones relacionadas con movilidad (transitorio ocho). Todavía nada.

De los 18 transitorios, cuatro refieren a nombramientos o la conformación de órganos auxiliares, entre otros el Consejo Consultivo (antiguo CETYV) hasta hoy no nato, igual que los órganos auxiliares técnicos. Otros transitorios apuntan al "inicio" de grandes procesos de transformación, entre otros: la implantación de la "estrategia de movilidad en bicicleta" (un año), el rediseño de rutas y un programa de implantación (un año) y la sustitución del diésel por energías limpias (cinco años). 

A la fecha, poco o nada se sabe de estos temas, excepto que, en algún caso, lo relevante ha sido la disputa estado-municipio (medios no motorizados), en contraste con lo fácil que sería implantar el Biciplan y los proyectos derivados del mismo. Urgente y necesaria salida en tiempos de pandemia.

En otros casos, energías limpias, se ve imposible su consecución. No es claro cómo se quiere sustituir toda la flota diésel y pasar a gas o electricidad. Se trata de varias decenas de miles de vehículos y no hay ninguna iniciativa visible para crear la infraestructura de almacenamiento, distribución y despacho. Sólo para el caso de los autobuses (5,500 cuando menos), implica inversiones del orden de los $15,000 millones de pesos.

Otro de los transitorios (el 10) es un clásico ejemplo de efecto cobra: se obtiene lo contrario de lo que se espera. En este, se impone a los actuales prestadores la obligación de renunciar a los títulos vigentes sin plan de reestructuración, sin garantía de continuidad y sin mecanismo de salida. El resultado: no más inversiones y por lo tanto no hay reposición de flota, hay menos unidades y menos servicios.

Fuera de transitorios hay otros pendientes, como la regulación de la carga y la concurrencia con los municipios. El primer tema necesita desarrollo, un plan de largo plazo y, sobre todo, que el estado asuma su papel de regulador de ese segmento de la movilidad. Respecto al segundo tema, hay mucho por hacer, la ley impulsa y mandata la concurrencia e, incluso, posibilita multas cruzadas, previo convenio. También está el tema de los estudios de movilidad y la factibilidad de transporte, que, en opinión personal, ley y reglamento plantean una invasión de las funciones de administración y control urbano, claramente competencia municipal.

En medio de la más grande crisis del transporte público en Nuevo León (60% de la oferta de hace cinco años y sólo el 20% de los viajes en transporte público) este panorama es desalentador y preocupante. No se ve cómo cumplir con los transitorios, mucho menos como volver a la oferta de transporte público de 2015 (5,500 autobuses) y mucho menos como alcanzar las metas del Plan Estatal de Desarrollo o del Plan Estratégico (58% de los viajes en transporte público y medios no motorizados. 

Al final, breve memoria del proceso legislativo de la Ley de Movilidad, en boca de uno de los asesores de las bancadas dominantes: la eficiencia de la ley es responsabilidad del Ejecutivo, no del Legislativo. Me gustaría saber qué piensa de todo esto y decirle: ven, acompáñame a ver esta triste historia.

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