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La ley de la gravedad y el Espíritu Santo ... Por: Ron Rolheiser Ron RolheiserMartes, 10 de Noviembre de 2020 00:00 a.m.

Dios está cargado de erotismo y el mundo es dolorosamente amoroso, por eso se acarician mutuamente en atracción y filiación.

El filósofo judío Martin Buber hizo esa afirmación, y si bien parece hacer eco perfectamente a la línea inicial de la autobiografía de San Agustín ("Tu nos has hecho para ti, Señor, y nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en ti") ésta insinúa algo más. San Agustín hablaba de un dolor insaciable dentro del corazón humano que nos mantiene inquietos y siempre conscientes de que todo lo que experimentamos no es suficiente porque lo finito incesantemente esta afligido por lo infinito y lo infinito atrae incesantemente a lo finito. Mas San Agustín estaba hablando del corazón humano, de la inquietud y la atracción hacia Dios que se siente allí.

Martin Buber también está hablando de eso, sin embargo, también está hablando de una inquietud, una atracción incurable hacia Dios, que está dentro de toda la naturaleza, dentro del universo mismo. No son sólo las personas las que son dolorosamente amorosas, es el mundo entero, toda la naturaleza, el universo mismo.

¿Qué se dice aquí? En esencia, Buber está diciendo que lo que se siente dentro del corazón humano también está presente dentro de cada elemento dentro de la naturaleza misma, en átomos, moléculas, piedras, plantas, insectos y animales. Hay el mismo dolor por Dios dentro de todo lo que existe, desde un planeta muerto hasta un agujero negro, una secuoya, nuestros perros y gatos, el corazón de un santo. Y en eso no hay distinción entre lo espiritual y lo físico. El único Dios que hizo a ambos los está atrayendo a ambos de la misma manera.

Pierre Teilhard de Chardin, que era tanto científico como místico, creía que esta interacción entre la energía que fluye de un Dios con carga erótica y la que fluye desde un mundo amoroso, es la energía que sustenta la estructura misma del universo, física y espiritual. Para Teilhard, la ley de la gravedad, la actividad atómica, la fotosíntesis, los ecosistemas, los campos electromagnéticos, el instinto animal, la sexualidad, la amistad humana, la creatividad y el altruismo, todos recurren y manifiestan una y la misma energía, una energía que siempre atrae todas las cosas hacia las otras. Si eso es cierto, y lo es, entonces, en última instancia, la ley de la gravedad y el Espíritu Santo son parte de una y la misma energía, una sola y misma ley, una y la misma interacción de eros y respuesta.

A primera vista, puede parecer teológicamente poco ortodoxo poner a las personas y la naturaleza física en el mismo plano. Quizás también, algunos podrían encontrar ofensivo hablar de Dios como "cargado de erotismo". Permítanme abordar esas preocupaciones.

En términos de Dios relacionado con la naturaleza física, la teología cristiana ortodoxa y nuestras escrituras afirman que la venida de Dios a nosotros en Cristo en la encarnación es un evento no sólo para las personas, sino también para la creación física misma. Cuando Jesús dice que ha venido a salvar al mundo, de hecho, está hablando del mundo y no únicamente de las personas en el mundo. La creación física, no menos que la humanidad, es hija de Dios y Dios tiene la intención de redimir a todos sus hijos. La teología cristiana nunca ha enseñado que el mundo será destruido al final de los tiempos, sino que (como dice San Pablo) la creación física se transformará y entrará en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. ¿Cómo llegará el mundo físico al cielo? No lo sabemos; aunque tampoco podemos conceptualizar cómo llegaremos nosotros allí. Sin embargo, sabemos esto: el Cristo que se hizo carne en la encarnación es también el Cristo Cósmico; es decir, el Cristo por quien todas las cosas fueron hechas y que une a toda la creación. Por lo tanto, los teólogos hablan de "encarnación profunda"; es decir, del evento de Cristo como algo más profundo que simplemente salvar a los seres humanos, como salvando a la creación física misma.

También puedo apreciar que habrá algo de malestar al hablar de Dios como "erótico", dado que hoy en día generalmente identificamos esa palabra con sexo. Más ese no es el significado de la palabra. Para los filósofos griegos, de quienes tomamos esta palabra, eros se identificaba con el amor y con el amor en todos sus aspectos. Eros significaba atracción sexual y obsesión emocional, más también significaba amistad, alegría, creatividad, sentido común y altruismo. Eros, bien entendido, incluye todos esos elementos, por lo que incluso si identificamos eros con sexualidad, no debería haber ninguna incomodidad en aplicar esto a Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, nuestra sexualidad refleja algo dentro de la naturaleza de Dios. Un Dios que es lo suficientemente generativo como para crear miles de millones de galaxias y continuamente crea miles de millones de personas, claramente es sexual y fértil en formas más allá de nuestra concepción. Además, el dolor implacable dentro de cada elemento y persona en el universo por la unidad con algo más allá de sí mismo tiene una y la misma cosa en mente, la consumación en el amor con Dios que es Amor.

Entonces, en realidad, la ley de la gravedad y los dones del Espíritu Santo tienen el mismo objetivo.

Ron Rolheiser. OMI

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