icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
La juliaDomingo, 23 de Octubre de 2016 01:25 a.m.
¡Ahí viene la julia! Con ese grito inició la desbandada de muchachos que, momentos antes, escenificaban tremendo pleito en el parque que estaba frente a la escuela. Casi al instante se escuchó una gangosa sirena que anunciaba la llegada de una patrulla de las de antes. De su parte trasera se desprendieron cuatro policías que, literalmente, venían colgados.

Tras una breve persecución, cada gendarme regresó con uno de los rijosos y sin mucha consideración los introdujeron en la patrulla, cerraron la puerta, se volvieron a colgar y se alejaron con el mismo escándalo con el que habían llegado.

Así, desde aquel día de 1966 para mí empezó el misterio: ¿Por qué le decían “la julia” a la patrulla? Aunque lo pregunté muchas veces, nadie supo darme respuesta. Con el paso del tiempo encontré un primer intento de explicación en “Breve Diccionario de Mexicanismos”, de Guido Gómez. Ahí, en una parte se lee: «julia. (Quizá del inglés gaol, jail ‘cárcel’) f. Vehículo cerrado en que se conduce a los presos». Sería intuición o no sé qué, pero esta tímida propuesta nunca me convenció.

En otro momento di con este texto que habla de la historia de la policía en Aguascalientes: «En el Siglo XIX, en un carro tirado por mulas conducían a los ebrios a la cárcel. Para 1932, ya existía una patrulla motorizada de la policía de rodado sencillo llamada “La Julia”; en ella se llevaban a la delegación a borrachos y rijosos». Luego, tratando de explicar el porqué del nombre, dice: «El nombre de “Julia” se puso en honor a una prostituta que agarraba lo que le caía y, como la camioneta, “Julia” igual cargaba con muertos, detenidos, borrachos, perros, etcétera, por comparación se le puso ese nombre». Otra vez, esta explicación se me hizo “muy ojona pa’ paloma” y el misterio seguía vigente.

Bien dicen que el que porfía caza venado, y así fue que un día por fin “atrapé” a la esquiva julia. Leía un libro titulado “Los negros curros” del investigador cubano Fernando Ortiz, y ahí supe de unos versos que el autor usa para ejemplificar el habla de estos negros: «La Jura me sigue ei paso, poi poneme en transe duro; pero yo que etoy seguro de mi prócer detino, he bucado un buen padrino que me saque del apuro».

El mismo Ortiz en su libro explica que “la jura o gura” es la policía; y nos dice que es voz llevada a Cuba por los negros andaluces que también llegaron a la isla en gran cantidad. Corroborando lo dicho por Ortiz, encontré que en 1611, Quevedo, hablando de los fulleros españoles, dice: «Mudan vestidos muy a menudo por no ser conocidos de la justicia, que llaman gura».

También Ortiz nos informa de la dificultad que tienen los negros para manejar el fonema “r”, dando como resultado que con frecuencia lo traten de suavizar, intercambiándolo por “l” o “i”. No sería nada raro entonces, que de “la jura” resultara “la jula” o tal vez “a juia” (observa que en el verso dice “poi poneme” en lugar de “por ponerme”). De ahí, bastaría sólo un pasito para que naciera “la julia” mexicana. No hay que olvidar que nuestro país no escapó al influjo de la cultura negra, que de esto, abundan huellas.

Bueno, pues colorín colorado, el misterio ha terminado, y como dicen unos versos de la tradicional Rama veracruzana: «Vámonos muchachos, que ya son las nueve, no venga la julia y a todos nos lleve».
OpenA