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La ignorancia de la clase media mexicana Por: Ignacio Gómez-Palacio La HormigaViernes, 20 de Noviembre de 2020 00:00 a.m.

Una pregunta sorprendente y algunas respuestas dolorosas: ¿En qué se distingue la clase media mexicana de diferentes clases medias en otros países del mundo? En que no se considera parte fundamental de México, no actúa como tal, ni siente al país como parte esencial de su existencia. La clase media mexicana está en vías de ser. Apenas ha salido de la matriz. Apenas da sus primeros pasos.

La clase media en Europa, EUA y Japón, por ejemplo, se identifica por ingresos y escolaridad similar. Actúan de manera transversal, como es el caso de los transportistas, empleados de la salud, académicos, jubilados, etc., que cuando se les afectan sus intereses responden de un día para otro, con la fuerza y el conocimiento de saber que pueden detener la marcha del país. Sus sindicatos son auténticas cuerpos de poder.

Nosotros tenemos una identificación de barrio, de colonia, de pueblo, pero lo que le sucede a, por ejemplo, los arrendadores o taxistas, no sentimos que afecte a nuestra clase media, salvo que de alguna manera perjudique a nuestra familia extendida, que es precisamente donde encontramos sentido y valor de clase. "¡La clase media puede irse a volar papalotes, pero con mi familia, no te metas!".

El propósito de este breve artículo no es el de buscar los motivos por los que la clase media es como es, sino describirla en la actualidad, en razón de la importancia que hoy tiene, ante el reto que se vive como consecuencia de las decisiones de un gobierno federal centralista y autoritario. No me referiré a los grandes capitales que no tienen patria, sino intereses que proteger; tampoco al sector pauperizado que vota a favor de quien le "regala" torta y refresco.

Nuestra pequeña clase media, carece del sentido de su importancia y de la responsabilidad que conlleva. Cualquier excusa es buena para evitar asistir a marchas de protesta. De ahí las dificultades de grupos como Frenaa y Sí Por México, para reunir un ciento de miles, en tanto en París o Bucarest, salen 2 o 3 millones a la calle con coraje y tambalean a cualquier gobierno que se les oponga. Quienes formamos la clase media mexicana, somos patrioteros de himno y banderitas en septiembre. No asistir a reuniones públicas recuerda las sabias palabras de Nelson Mandela, en el sentido de temerle mas al silencio ciudadano que a los gritos de protesta.

La clase media, en sus diferentes niveles, ha recibido educación en diversos grados y calidades y goza de ingresos producto de su esfuerzo y trabajo. A ella pertenezco. Sólo algunos son herederos de bienes y dinero.

Somos tan inocentes que creemos que la marcha de Frenaa del pasado 3 de octubre (como fue de tan sólo 200,000 personas) es para olvidarse, sin tomar en cuenta que nunca se había dado de manera voluntaria, sin dádivas de por medio y de manera pacífica. Asistir, fue ver nacer a la clase que eventualmente será la que detente y dirija al país.

A la clase media mexicana le falta saber que la calle, cualquier lugar dentro del territorio nacional es "su casa", la que debe mantener limpia y segura. Le falta sentirse parte de la "polis", de la comunidad, de la política que la dirige. Conocer el sentido y valor del importantísimo concepto del "bien común", activo indispensable que debe tener toda comunidad unida.

Concluyo que, en general, la clase media mexicana es ignorante de su fuerza, de su responsabilidad, de su importancia para conducir los destinos nacionales y que debemos educarnos en este sentido y estar conscientes de ello.

Quizás esto se deba a que somos un país pobre, frontera de por medio con el país, no sólo el mas rico y poderoso del mundo, sino el mas orgulloso de su nacionalidad, conciudadanos y territorio, los que defienden con la vida, si es preciso. Quizás se deba a nuestros políticos que, salvo contadísimas excepciones, han gobernado para beneficio propio sin importarles el país. Quizás, quizás....

Lo cierto es que debemos tomar conciencia de la creciente clase media, la que está destinada a defender nuestros intereses y riquezas físicas, culturales, sociales y de todo tipo.

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